Juanjo Compairé: “La masculinidad es una dependencia no reconocida”

Entrevista al integrante de la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género (AHIGE) y de “Homes igualitaris”

Juan José Compairé García, más conocido como Juanjo Compairé, fue el primer catalán que en 2004 se unió a la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género (AHIGE), una iniciativa constituida en Málaga hace ya 18 años. En 2009 Compairé y los socios de Cataluña oficializaron Homes Igualitaris, asociación enraizada desde los orígenes con AHIGE. Retirado a los 71 años, superado un divorcio, con una hija de 32 años y una compañera de vida feminista, Compairé insiste en que la igualdad implica a toda la sociedad. Incluidos los hombres. “Muchos se piensan que AHIGE y Homes igualitaris son una especie de ONG, un modo paternalista de ayudar a las mujeres”, explica a cuartopoder. Y recalca: “No entienden que esto también va con ellos, que si cambian les mejorará la vida”. Hablamos con él de la evolución de su proyecto, de la masculinidad, de su desarrollo interno y atisbamos visos del futuro en igualdad.

El docente de Historia y Ciencias Sociales ya jubilado expone que aunque el número de hombres proactivos en el feminismo crece, lo hace poco a poco porque parten del privilegio. “Cuando hay una situación de crisis por enfermedad, crisis de pareja o duelo por la muerte de alguien querido, entonces es cuando algunos nos mostramos vulnerables y más receptivos”.

-¿Qué te impulsó a defender la igualdad de género?

-Un detonante de que empezara a reflexionar sobre mi masculinidad fue que mi pareja, con la que llevo 25 años, es feminista. Comprendes que están cansadas de educar a los hijos y, además, de educarnos a nosotros, los hombres. En especial reflexioné sobre la autoridad como docente y padre. Y lo hice porque había llegado a levantarle la mano a mi hija por una tontería en vez de dialogar. Ella se rebeló como preadolescente y estuvo mucho tiempo sin dirigirme la palabra. También porque en las aulas había aplicado el castigo a mis alumnos. En ambas situaciones el resultado fue contraproducente. Ahora sé que autoridad es cuando tienes ascendente sobre alguien y poder es cuando te impones precisamente porque no tienes autoridad. A partir de ahí me he replanteado muchas más cosas de mi papel en el mundo.

-Cuando ejercías la docencia, ¿incorporaste tu conciencia feminista?

-Escribí un libro en 2011, Chicos y chicas en relación,  sobre cómo cambiar la educación con un contenido más global y con mujeres y hombres que vivieron fuera del patriarcado. Rescatar, por ejemplo, a Pepe Beúnza que fue el primer objetor de conciencia en los años 70. Atacó uno de los pilares del patriarcado, el ejército, al negarse a ir a la mili. El gesto de Beúnza contagió a miles de hombres. Contamos la historia de políticos y guerreros y nos dejamos fuera al 99,9%.

-¿Cómo os organizáis en AHIGE y Homes Igualitaris?

-Solemos hablar con los recién llegados, darles una guía de acogida y que lean los documentos más básicos en nuestra web. Tenemos una reunión mensual de unas dos horas en las que empezamos diciendo cómo nos encontramos cada uno y cómo estamos en relación con la asociación. Además hay varias comisiones de trabajo, de difusión y de talleres que también se organizan por sí mismas. Y cada seis meses nos reunimos todos los grupos catalanes de hombres para intercambiar experiencias y hacer planes conjuntamente.

En verano, por ejemplo, aprobamos priorizar en nuestra comunicación externa diversos temas: la revisión de las críticas a los argumentos machistas, debatir sobre la sexualidad masculina, sobre los cuidados y sobre la masculinidad en los problemas de salud individual y colectiva. Los hombres, sin ir más lejos, son quienes más sufren accidentes laborales, de tráfico o de cardiopatías.

-¿Cómo son los encuentros de Homes Igualitaris?

-En un bar se habla de lo que no tiene que ver con nosotros y estamos acostumbrados a que otro hombre es un hipotético rival. En los grupos, en cambio, partimos de vivencias personales para analizarlas desde una perspectiva de género. Y llegar a reconocer la debilidad ante otros hombres es conectar contigo mismo y convertir las limitaciones en fortalezas. La antropóloga Almudena Hernando habla de que la masculinidad es una dependencia no reconocida, es decir, como humanos dependemos de los demás pero de acuerdo a los mandatos de masculinidad tradicional lo negamos.

-¿A qué te refieres por mandatos de masculinidad?

Nos hacen creer que somos omnipotentes, que tenemos derecho a que nos cuiden y a que nos hagan caso, que no tenemos que cuidar a los demás. ¿Por qué si no hay tan pocos atendiendo a sus mayores o compartiendo tareas domésticas? Todavía el porcentaje de padres que se cogen la baja de paternidad es menor que las madres a pesar de que ha aumentado mucho.

-A nivel personal, ¿qué has descubierto deconstruyéndote?

-Cuando murió mi padre, hace tiempo, y cuando murió mi madre, hace un par de años, me di cuenta de cómo me habían marcado. Aceptas que eres vulnerable, que no lo sabes todo y que no pasa nada si pides ayuda.

En el fondo todos vamos desnudos aunque, como al emperador del cuento, el mundo nos diga que vamos vestidos. La masculinidad es eso. Y con un ejemplo más concreto, en mi caso detecté que llego a una casa, propia o ajena, están hablando y hay una comunicación establecida y considero que lo mío es más importante. Interrumpo la conversación. Ahora he aprendido a situarme sin pretender ser el centro.

-Y a nivel miembro de la asociación, ¿qué iniciativas tenéis en marcha?

-Tenemos grupos de hombres en cárceles que no son condenados necesaria ni principalmente por delitos de violencia machista. Partimos de que el 93% de la población reclusa catalana son hombres, es decir, hay un vínculo entre masculinidad y conductas antisociales y/o violentas. Los hombres que asisten a los grupos de hombres en prisión lo hacen voluntariamente, no se les conmutan penas.

Nuestro programa empezó hace unos años como programa piloto a petición de Instituciones Penitenciarias. Intentamos que tuviera más continuidad y conseguimos, tras varios fracasos, que en 2018 haya un plan de estas características en las cárceles de Quatre camins, Brians I y II, Tarragona, Puig de les Basses, Ponent, Lledoners y Joves. Sobre en qué consisten estos grupos, tratamos de revisar su vida con ellos y que reflexionen para dejar la violencia como solución de sus conflictos.

-¿Colaboráis con instituciones?

-Mi experiencia es que, más que con instituciones, tenemos que contar con las personas que están allí. Por ejemplo, cuando encuentras alguna encargada de Igualdad, si ella mira con buenos ojos las propuestas con hombres, estas tiran adelante. Pero se va ella y quedan en punto muerto. En Homes Igualitaris nos hemos encontrado en el Institut Català de les Dones una actitud negativa. Dicen apoyarnos pero en la práctica no hacen nada. Y eso que organismos internacionales como la ONU exigen políticas de igualdad dirigidas a hombres.

Nos movemos mejor a nivel local, con los Ayuntamientos y centros de enseñanza. Estamos particularmente orgullosos de la XAJI, una red de chicos y chicas de secundaria que diseñan campañas de igualdad. Es una red bajo el paraguas de la Plataforma Unitaria contra las violencias de género, junto a más de cien entidades feministas. Y hemos impulsado RESET, un programa de formación de formadores/as de jóvenes. El modelo al que nos gustaría parecernos sería Gizonduz, en Euskadi: es el único territorio que tiene un programa específico dirigido a hombres dentro del Instituto Vasco de la Mujer.

-¿Hay dificultad para coordinarse con la administración pública?

-Una parte del feminismo institucional aún no ha entendido la importancia de trabajar con hombres, nos ven como “invasores”, como si fuéramos a quitarles presupuesto. Siempre hemos dicho que los presupuestos no pueden ir en detrimento a los dedicados a mujeres. Pero muchos políticos piensan que la igualdad y el género es solo de mujeres.

-¿Y cómo es vuestra relación con el movimiento de mujeres feministas?

-Continuamente estamos trabajando con ellas, siempre sin querer protagonizar los eventos. Por ejemplo, hemos colaborado en la infraestructura de las huelgas feministas del 8M, participamos en las marchas de la “Emergencia feminista” y organizamos ‘encuentros mixtos’ anuales.

-Un tema espinoso es la custodia compartida, ¿cuál es vuestra postura?

-Estamos por los cuidados compartidos, no tanto por la custodia compartida en sí. Tenemos un manifiesto que lo explica mejor.

-Casos como los de ‘La Manada’ han provocado una ola feminista ¿Hay ahora más hombres concienciados?

-Hay una gran ola feminista y hay que ver hasta qué punto del dicho al hecho hay un trecho. En parte vemos un cambio de mentalidad y cultura pero también una reacción neomachista de hombres cabreados que han dado vuelta a la tortilla y dicen que la violencia no tiene género. Antes era una cosa más fluida y ahora hay un contraste muy grande entre posturas profeministas y grupos de hombres resistentes al cambio.

-¿Os han llegado más afiliados a Homes Igualitaris?

-Temíamos que nos vieran como una asociación de jubilados o pensionistas. Ahora hay jóvenes que cogen el relevo. Más formados en corrientes de la teoría queer, feminismo transcolonial y  corrientes feministas radicales. Más ágiles en comunicación. Muchos se apuntan aquí y luego vuelven a su país y crean su núcleo. Ahora hay asociaciones como Homes Igualitaris en México, Brasil, Chile y Argentina. En toda América Latina, de donde aprendemos mucho porque son más activos que nosotros. Ya no somos anecdóticos, hay una red mundial y en la última reunión en Nueva Delhi acudieron más de 1.500 asociaciones.

-¿Cuál es la novedad en estudios sobre masculinidad que más te ha impactado?

 –Un trabajo de Jokin AspiazuMasculinidades y feminismo, que analiza las masculinidades desde la mirada del feminismo radical.

-¿Va a consolidarse el feminismo entre hombres?

-Preveo un grupo reducido de hombres muy feministas y espero y deseo que cada vez sean más los que se sientan cercanos al feminismo. Que sea por convicción y no por acomodación. Al igual que hemos visto a miles y miles de chicas jóvenes en las calles, aspiro a que pase lo mismo con los hombres: que alcancemos a ver un movimiento masivo.

Esta publicación corresponde a la entrevista recuperada de: https://www.cuartopoder.es/sociedad/2019/09/25/juanjo-compaire-la-masculinidad-es-una-dependencia-no-reconocida/

HOMBRES: LA NECESIDAD DE UNA VOZ COLECTIVA

HOMBRES: LA NECESIDAD DE UNA VOZ COLECTIVA

Juanjo Compairé (Homes Igualitaris)

 (jjcompaire@gmail.com)

RESUMEN:

El autor defiende la necesidad de que se alcen de forma colectiva voces masculinas que confronten el sistema patriarcal. Muestra esta necesidad pasando revista al movimiento de hombres por la igualdad en nuestro país y sus enlaces a nivel mundial.

A continuación detalla una serie de aspectos de la condición masculina que las hacen más que nunca necesarias. Empezando por los efectos que la masculinidad tradicional está teniendo sobre los cuerpos, las experiencias y las relaciones de los hombres. Y continuando con las consecuencias que tiene sobre el resto de la humanidad y sobre el mundo. Es más que nunca necesaria la superación de la violencia destructiva, de la sexualidad compulsiva, de este impulso de muerte que lleva dentro de sí esta masculinidad aún dominante. Y hacer emerger más claramente otras formas de vivir como hombre que ya están entre nosotros. Formas de vivir que tienen que proyectarse en lo público y de forma colectiva.

El autor acaba citando a Pierre Bourdieu y apostando por el amor como vía de liberación masculina. Un amor que se base en el reconocimiento de lo que las mujeres han aportado al sostenimiento de la vida.

Palabras clave:

Masculinidades, igualdad, género, cuerpo, sexualidad, fraternidad.

Presentación: ¿Desde dónde hago estas reflexiones?

Quien esto escribe no es psicólogo ni nada que se le parezca. Tampoco tengo experiencia en trabajo clínico ni terapéutico. Por eso mismo, mis reflexiones –algunas de las cuales recogeré en este escrito- no son las de un “experto” ni las de un filósofo profesional. Ahora bien, a lo largo de mis últimos casi veinte años he compartido con otros hombres en grupos muchas vivencias, he mantenido conversaciones y diálogos, he participado en experiencias –individuales y colectivas- que me han marcado y con las que he también marcado a mis compañeros. Lo que pretendo decir con voz propia lo hago desde un lugar en el que la mía se entrecruza con muchas otras. Pretende ser una llamada a que otras voces se unan al clamor necesario, a unas voces colectivas que el mundo creo que necesita.

Si los hombres habéis estado hablando, gritando, imponiendo vuestra voz siempre, ¿aún queréis más?

Alguien me dirá, y con razón: ¿pero qué dices? Si los hombres habéis estado hablando, gritando, imponiendo vuestra voz siempre, ¿aún queréis más? Pero no se trata de esto. Se trata de voces nuevas surgidas de los hombres, voces liberadoras, que sean auténticas, que hablen desde dentro de nosotros mismos y que se distingan de la vieja voz patriarcal que habla en nuestro nombre. Por eso mismo, deberá ser una voz múltiple, diversa, alejada de la uniformidad de la antigua voz de mando del patriarcado. Mi amigo y compañero italiano Stefano Ciccone hace ya diez años lo expuso en un libro que aún no se encuentra traducido al castellano: “Essere maschi. Tra potere e libertà” (2009). Eso mismo. Voces que no nos vengan impuestas desde el poder sino que hablen desde cada uno de nosotros mismos, que partan de nosotros y de nuestras experiencias. Pero, ¿es posible esto? ¿Podemos los hombres encontrar un lenguaje que parta de nosotros y se dirija al mundo de otra manera, de forma libre, pero de una libertad nueva? porque históricamente los hombres hemos pervertido esta bella palabra como si solo pudiera nacer del individualismo posesivo y desconectado del mundo. Una libertad que se asemeje a la libertad que desde hace tiempo experimentan muchas mujeres, que llevan ya siglos hablando al mundo con su voz propia, pero que es siempre una “libertad en relación”.

Miramos al mundo, miramos a los grandes hombres que lo gobiernan y les decimos: “No nos representáis”. No puede ser que estos hombres usurpen nuestra voz y hablen en nuestro nombre.

Miramos al mundo, miramos a los grandes hombres que lo gobiernan y les decimos: “No nos representáis”. No puede ser que estos hombres usurpen nuestra voz y hablen en nuestro nombre. Hay muchas otras maneras de ser hombre, de vivir la felicidad del encuentro con las mujeres, los afectos que son la sal de la vida. Somos como niños que empezamos a hablar. O mejor, como mudos que han recuperado su capacidad de hablar después de mucho tiempo. Y aún estamos balbuceando.

Como profesor de secundaria lo he podido detectar entre muchos de mis alumnos adolescentes. Cuando en las clases de Historia nos salíamos del guión oficial y conectábamos con las vivencias de las y los olvidados por los libros de texto: las mujeres, las criaturas, la gente colonizada, la esclavizada, la gente mayor, pero también muchos hombres en el margen: los desertores de las guerras, los objetores de conciencia, aquellos con una orientación sexual o identidad de género no de acuerdo con la norma, los trobadores, los poetas, los saltimbanquis, qué sé yo, muchos. Veía a mis alumnos chicos emocionarse al oír el relato de vida de Pepe Beúnza, el primer objetor de conciencia o recuperar el orgullo de haber tenido un abuelo que había vivido la guerra civil escondido para no tener que luchar. Y, por supuesto, llorar también ellos –y sin vergüenza- al leer el diario de Anna Frank.

No me hago trampas al solitario. Yo también, como casi todos, he tenido y tengo privilegios como hombre y me cuesta dejarlos. ¡Es tan cómodo dejarse llevar, seguir la senda marcada! Pero también soy testigo de un malestar difuso cada vez más extendido en capas crecientes de congéneres míos. Una insatisfacción con la vida que nos dicen que tenemos que llevar, con la forma con la que nos marcan que tenemos que actuar o comportarnos. Tenemos que transformar este malestar –del que hablaré en estas líneas- en un coro de voces propias, colectivas.

Soy testigo de un malestar difuso cada vez más extendido en capas crecientes de hombres. Una insatisfacción con la vida que nos dicen que tenemos que llevar.

Tenemos que empezar nuestro camino desde aquí. Acoger, cultivar este malestar, este desconcierto, este sentimiento de incompletud. Como en el cuento, nos hacen representar, en mayor o menor grado, el papel de emperadores. Pero llega un momento en que tenemos que reconocer que el emperador está desnudo. Desde esta desnudez tenemos que comenzar. Como niños, como lo que somos, personas vulnerables.

Los grupos o círculos de hombres

Llevo más de 15 años en grupos de hombres. En estos círculos de hombres, empezamos por reconocer nuestras vulnerabilidades, nuestras dudas, nuestras frustraciones. Aquellas sensaciones y sentimientos que no nos permiten reconocer. Entonces nos miramos a la cara y en seguida se nota que nuestros alientos se hacen más profundos: “Ah, ¿pero a ti también te pasa?”. ¡Qué alivio el comprobar que nuestras experiencias muchas veces son semejantes! Pero ¡cómo cuesta dejar el papel asignado, atreverse a ser libre!

¿Quiénes son estos hombres que vienen a “perder” parte de su tiempo en hablar, en compartir con otros sus sentires o mejor, sus “sentipensamientos”? Evidentemente no representan a la mayoría. Mejor dicho, representan a algunas franjas de hombres: muchos vienen de experiencias de ruptura vital que les han tocado profundamente. Elaborar estas experiencias les ha llevado a replantearse otras, hasta llegar al meollo, su masculinidad. Son a veces, pues, hombres con problemas personales en vías de solución. Otros, en cambio llegan por su convicciones éticas, por su sentido de la injusticia de las desigualdades. Y otros lo hacen porque la Academia se va acercando cada vez más al mundo de los hombres como objeto de estudio y quieren participar en esta búsqueda. Sí, claro, eso hace que en estos círculos los terapeutas, los hombres de letras y de formación humanística sean mayoritarios. Hombres blancos, de formación universitaria y de mediana edad sobre todo; casi nunca de otras culturas, formaciones o franjas de edad.  Porque apenas hemos interactuado con ellos. Chicos que aspiran a ser “buenos”, a separarse de la media, pero que no lo consiguen del todo. Porque muchas veces en las reuniones nos topamos con nuestras agresividades reprimidas, que muchas veces hacen saltar por los aires esta careta. Dejamos salir entonces, en este espacio protegido del círculo de compañeros, esta agresividad y podemos seguirle la pista viendo de qué manera se transforma en violencia. Todo para que así resulte más fácil desactivar esta.

Muchas veces en las reuniones nos topamos con nuestras agresividades reprimidas, que muchas veces hacen saltar por los aires esta careta. Dejamos salir entonces, en este espacio protegido del círculo de compañeros, esta agresividad y podemos seguirle la pista viendo de qué manera se transforma en violencia. Todo para que así resulte más fácil desactivar esta.

Entonces tenemos que recorrer al revés el camino que hemos seguido en la vida, revisar nuestras decisiones, detectar cuántas veces hemos disimulado, nos hemos acomodado a lo que nos decían que era ser “hombre de verdad”, nos hemos prohibido a nosotros mismos el beneficio de la duda o del reconocimiento del otro o la otra. Es duro pero necesario y al final resulta satisfactorio, pero cada uno tiene que preguntarse: “¿cómo me he construido? ¿Qué hay de verdadero y qué de impostado en mis decisiones pasadas, que me han hecho tal como soy?”

Sin duda, esta reflexión no la haríamos –o quizá la haríamos de otra manera- si al lado nuestro no estuvieran nuestras compañeras feministas, que –con mucha paciencia- nos señalan continuamente nuestra cresta de gallo que en seguida nos crece. Me gusta decir que nuestras compañeras nos civilizan. Parecerá una exageración, pero lo siento así y en las páginas siguientes intentaré explicarlo. Cuando me formo en feminismos (seguramente aquí también hay que hablar en plural), cuando participo en encuentros mixtos (como los que nuestra asociación AHIGE promueve) siento la necesidad de reconocer su autoridad, la que nos lleva varios siglos de adelanto. Sin la interpelación que para nosotros representan los feminismos, no estaríamos donde estamos. Porque el feminismo es el gran movimiento transformador de nuestro tiempo y esa transformación también nos concierne a los hombres.

Esta reflexión no la haríamos –o quizá la haríamos de otra manera- si al lado nuestro no estuvieran nuestras compañeras feministas, que –con mucha paciencia- nos señalan continuamente nuestra cresta de gallo que en seguida nos crece. Me gusta decir que nuestras compañeras nos civilizan.

Luego esta ruta personal se convierte, como un río que confluye con otros, en un camino colectivo. En mi caso, esto me ha llevado a comprometerme en una asociación de hombres por la igualdad. En realidad, eso quiere decir que estamos por una manera libre de ser hombre. Una libertad contagiosa que toque a otros hombres y se convierta en un tsunami colectivo que remueva los cimientos de nuestra forma de vida. Porque de lo que se trata es de una revolución, pero de las de verdad. No de aquellas que prometían la llegada del “hombre nuevo”, pero que al final creaban un hombre viejo con vestimentas nuevas. Una ola revolucionaria que confluya con la gran oleada feminista que está cambiando el mundo.

El panorama no sería completo si no tuviéramos en cuenta el auge de los movimientos misóginos, antifeministas y también xenófobos, homófobos, etc, porque la raíz de todas estas posturas es la misma. Ya hablaremos de ello, pero son otras manifestaciones de ese mismo malestar masculino del que antes hablaba, incluso de este miedo a la creciente libertad femenina. Malestar que es utilizado por los movimientos ultras basados en la exclusión y el odio (Lionel S. Delgado, 2018b). Como hombres, nuestra tradición nos marca: hay que echar pelotas fuera, apuntar a la otra o el otro como culpable y ejercer sobre él o ella la violencia. Este enorme y creciente problema social que significa la eclosión neofascista en sus diversas variantes (y que es protagonizado fundamentalmente por hombres; en todo caso las mujeres ocupan en ellos un papel secundario) debemos afrontarlo con perspectiva de género, teniendo en cuenta su relación con las masculinidades más resistentes al cambio.

Nosotros confrontamos, naturalmente, estos movimientos porque pensamos que el camino emprendido por las mujeres para nosotros debe ser, no una amenaza, sino una oportunidad. Una ocasión de revisarnos y repensarnos. De aquí vengo.

Pensamos que el camino emprendido por las mujeres para nosotros debe ser, no una amenaza, sino una oportunidad. Una ocasión de revisarnos y repensarnos.

El movimiento de hombres. Una trayectoria ya larga. Los orígenes.

De siempre ha habido hombres que públicamente se han posicionado al margen del patriarcado. En la revista de nuestra asociación teníamos una sección dedicada a ellos: entre muchos otros, Poullain de la Barre, quien en 1679 publicó un libro “De la igualdad de los sexos”, donde defendía que el trato desigual que sufren las mujeres no tiene fundamento natural sino que se basa en el prejuicio. Y John Stuart Mill, quien en 1869 escribió “El sometimiento de las mujeres” y que en su matrimonio renunció por escrito a los privilegios que como varón la ley le concedía. El egipcio Qasim Amin también aportó sus ideas sobre “La liberación de la mujer” (libro publicado en 1899). En España, un krausista, Adolfo González Posada también publicó ese mismo año su libro “Feminismo”. No eran muchos, pero sí algunos.

Eran, sin embargo, casos individuales. La mayoría de ellos tuvo que luchar contra una gran oposición y apenas dejaron rastro. Hay que esperar a los años 60 del siglo pasado para encontrar los primeros grupos de hombres que en los Estados Unidos se plantean el apoyo colectivo a las mujeres objeto de violencia machista.

En España fue un pionero, Josep Vicent Marquès, quien empezó una reflexión semejante. En otro lugar (Compairé, 2013) he pasado revista a este movimiento en nuestro país. Si Carlos Castilla del Pino había publicado “La alienación de la mujer” en el fundacional 1968, diez años después Marquès publicaba en la revista “El viejo topo” un artículo que hacía lo propio con el varón: “La alienación del varón” (1978). Ambos tomaban la palabra “alienación” del léxico marxista, pero lo extendían a la subjetividad, convirtiéndolo en un término psiquiátrico. El autor se dirigía a los hombres, los confrontaba, se negaba a aceptar la normalidad de la vida de los hombres: “Hablemos de nosotros y de nuestra patología”, les gritaba a la cara. Y lo remataba diciendo: “[tenemos que] romper el espejo que nos devuelve la imagen del gran personaje que no somos, que no podemos ser, que no debiera ser nadie. Nuestra imagen como héroes oculta nuestra realidad como oprimidos y como cretinos. Nos hace prisioneros, pero solo lo estrictamente necesario para hacernos carceleros de las mujeres” (p.7).

Y cuatro años más tarde, él mismo se atrevió a tocar el centro de todo, la sexualidad: un libro aún hoy vigente, cuyo título lo dice todo: “¿Qué hace el poder en tu cama?” (Marquès, 1981). Paralelamente, en Madrid la Fundación Sexpol, fundada en 1979 ponía en el centro de la reflexión, entre otras cosas, la sexualidad masculina. Aparecieron en los años 80 diversos grupos de hombres un poco por todo el territorio. Y, a partir de aquí, hubo una época en la que el enfoque primordial era el terapéutico, y un grupo de expertos (Luis Bonino, Peter Szil, Fernando Villadangos, Chema Espada, el propio Marquès, etc.) los intentaban controlar. Pero algunos de estos grupos, dentro de la Gestalt o del movimiento mitopoético entonces muy en boga, preferían buscar una masculinidad ideal perdida, siguiendo la senda del poeta Robert Bly, autor de “Iron John” (1990) y se desentendían de la acción social.

Hubo en esos tiempos dos movimientos sociales de emancipación compuestos fundamentalmente por hombres que podrían haber servido de base para un potente movimiento liberador masculino: el movimiento gay y el de objeción de conciencia. Ambos potencialmente ponían en cuestión dos de las bases de la masculinidad tradicional: la homofobia y la heterosexualidad obligatoria, de una parte y el servicio militar como aprendizaje de obediencia y de violencia, por otro. Algunos de los actuales hombres por la igualdad proceden de estos movimientos. Pero para ello era necesario que en el seno de ambos movimientos se produjera una reflexión sobre la construcción social de la masculinidad que no siempre se producía. En el caso del movimiento gay predominaba la tendencia asimilacionista al modelo heterosexual (reconocimiento de derechos, incluido el matrimonio, creación de una sociedad paralela gay, conversión de lo gay en una marca empresarial), aunque había también núcleos de resistencia que se enfrentaban al patriarcado como construcción social dominante. Para los objetores, su grado de toma de conciencia de género dependía en muchos casos de la presencia activa de las mujeres feministas en las asambleas y acciones, poniendo en solfa algunas de las actitudes y comportamientos machistas presentes en sus dinámicas.

El movimiento gay y el de objeción de conciencia potencialmente ponían en cuestión dos de las bases de la masculinidad tradicional: la homofobia y la heterosexualidad obligatoria, de una parte y el servicio militar como aprendizaje de obediencia y de violencia, por otro.

No sería hasta el nuevo siglo que en Jerez de la Frontera, bajo el paraguas del primer servicio de salud masculina creado por un ayuntamiento, se convocara el Congreso “Los hombres ante el reto de la igualdad” (Jerez, 2001), en el que nos reunimos gente de todo el estado. Ese mismo año se había creado en Málaga la primera asociación de hombres, AHIGE, que sería con el tiempo una asociación hegemónica extendida por gran parte del país. Estaba claro que este naciente movimiento se sentía interpelado por el creciente movimiento feminista, parte del cual ya estaba institucionalizado. A lo largo de la primera década del nuevo siglo fueron apareciendo -esta vez de forma más permanente- diversos colectivos de hombres de carácter territorial, algunos de los cuales se reunirían alrededor de AHIGE, mientras que otros creaban la Red de hombres por la igualdad. Durante este decenio dos hechos determinaron la dinámica del movimiento. Uno fue la primera manifestación de hombres contra la violencia machista en Sevilla en 2006, el 21 de octubre. Esta fecha se convirtió en referencia en los próximos años: desde entonces cada 21 de octubre se celebran, convocadas por AHIGE, ruedas de hombres contra la violencia en las principales plazas de las ciudades españolas. El otro fue la creación en el País Vasco del primer programa dirigido a hombres, “Gizonduz”, dentro de Emakunde, el Instituto vasco de la mujer. Gizonduz, a pesar de los recortes, ha seguido produciendo materiales y modelos de formación al resto del movimiento.

“Hombres contra las violencias machistas”

Ahora bien, como vemos, en estos años la temática fundamental del naciente movimiento era el tema de la violencia machista, al aire de lo que planteaba el movimiento feminista, que había conseguido que la ley integral fuera aprobada por las Cortes el 2004. AHIGE frente a ella llama a los hombres a una doble actuación: la reflexión y trabajo personal -preferentemente en grupo- buscando las raíces de la violencia en cada uno de nosotros, dentro de nuestro proceso de socialización (“cada hombre es una revolución interior pendiente”); y por otro lado la presencia pública en la calle, bajo el eslogan de “el silencio nos hace cómplices”. Se trataba de un movimiento internacional con ecos en otros países (por ejemplo, en esos años la red italiana “Maschile Plurale” salía a las plazas de aquel país con el lema “La violencia contra las mujeres nos concierne”). Era, pues, una llamada a la responsabilidad, no a la culpabilidad de los hombres, pero también era una manera de decir, con palabras de Saramago, que “la violencia contra las mujeres es un problema de los hombres que ellas sufren”. Alrededor del tema de la violencia (llamada primero “de género” oficialmente; más tarde “machista” para dejar clara la responsabilidad de los hombres en ella) se concentraron la mayor parte de las iniciativas legislativas, terapéuticas y públicas del movimiento.

“La violencia contra las mujeres es un problema de los hombres que ellas sufren”. (Saramago)

La década que ahora acaba comenzó con un hecho relevante: el Congreso Iberoamericano de Masculinidades y Equidad (CIME), organizado por AHIGE y Homes Igualitaris celebrado en Barcelona el 2011. Era la coronación de varias tendencias que se habían ido gestando en años anteriores. Un hecho relevante es el creciente interés de la Academia en los estudios sobre masculinidades. Sorprende la lentitud con la que la Universidad, por ejemplo, ha encarado la problemática de los hombres en nuestro país, sobre todo si lo comparamos con lo acaecido en América Latina, que ya entonces contaba con departamentos universitarios enteros dedicados a los “Men’s Studies”. Más tarde se intentará recuperar el tiempo perdido, especialmente después de la consagración académica de la teoría queer, aunque con el peligro de que estos estudios se conviertan en puramente descriptivos y poco transformadores o bien centrados sobre todo en cuestiones identitarias.

El CIME significó sobre todo la coordinación del escaso, pero variado movimiento de hombres (alguien con sentido del humor lo calificaba entonces no como “movimiento”, sino como “meneíllo”). Se aprobaron once puntos de acuerdo entre los diversos colectivos de hombres, que tocaban aspectos como la coeducación, la violencia, la homofobia, la sexualidad y el poder. Pero ya entonces se hacía hincapie en otros aspectos planteados en positivo, como la corresponsabilidad de los hombres en el trabajo de los cuidados y la paternidad. Por eso mismo, a la ya citada cita colectiva del 21 de octubre, se le añadían dos más, en relación con la paternidad (19 de marzo) y la homofobia (17 de mayo). La declaración de Barcelona del 2011, completada dos años después en Sant Boi de Llobregat , siguen siendo la central del movimiento. Un movimiento que, sin ser de masas, ya no es anecdótico. Más adelante, se han consolidado las redes internacionales, como la alianza Menengage que reúne a miles de organizaciones de hombres de todo tipo, que acaba de crear una delegación en la Península Ibérica.

A partir del CIME, hemos visto diversos Congresos y Jornadas universitarias que marcan una cierta tendencia. Ahora bien, a mi entender, puede apreciarse un peligro de desvinculación de la Academia, por un lado y del activismo organizado por otro, sin demasiada conexión entre ambos mundos. El reciente Congreso de Elche sobre “Masculinidades e Igualdad” (abril 2019), por ejemplo, podría ser un ejemplo de este peligro, puesto que dedicó dos días a diversas presentaciones de ponencias de estudiosos y sólo una tarde al intercambio entre activistas. En principio ambos eventos estaban relacionados, pero el segundo espacio resultó insuficiente por precipitado. Sin embargo, también tenemos ejemplos de lo contrario, como las Jornadas organizadas por AHIGE en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria el septiembre del 2016, en las que se combinó el intercambio de metodologías de trabajo con hombres con la presentación también de estudios sociológicos, antropológicos, etc.

Otra tendencia importante es la creciente profesionalización de los hombres que se dedican al trabajo social con otros hombres. Esto se manifiesta en la proliferación de cursos profesionales de todo tipo. Con muchas iniciativas desde el ámbito académico, como hemos dicho antes, pero también en el terreno de la intervención social: talleres y acciones con adolescentes en los centros de enseñanza; intervenciones con hombres parados en Madrid o Catalunya; también en las cárceles con internos; grupos de padres y grupos de crianza, etc. Todas estas iniciativas se acompañan con algunas tertulias y cinefórums abiertas al público, con mediana asistencia. Igualmente destaquemos los “Encuentros mixtos” de hombres y mujeres que anualmente AHIGE convoca desde hace tiempo. Pero estas actividades escasamente se difunden o llegan a los medios y a la sociedad.

Asistimos, por otro lado, a la aparición de auténticas ONG’s con muchos medios (como Promundo o CEPAIM) que entran a este trabajo, a imitación de lo que desde hace tiempo está sucediendo en América Latina (el colectivo “Hombres y Masculinidades” de Colombia, por ejemplo, funciona desde hace más de veinticinco años y ha conseguido llegar a millones de hombres e incluso ser citado a participar en los acuerdos de paz de La Habana con la guerrilla de las FARC) o bien los presentes en el Norte de Europa.

Los media se interesan por algunos hombres feministas

Otro fenómeno interesante y relativamente reciente es la aparición de hombres feministas muy presentes en los medios y muy conocidos públicamente, como por ejemplo Octavio Salazar, Miguel Lorente o Ritxar Bacete. El primero, profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Córdoba, autor de numerosos libros sobre temas de derecho (sobre la gestación subrogada, por ejemplo), sobre cine o dirigidos a jóvenes, es también bloguero, ciberactivista y colaborador habitual en medios de difusión estatal. Este tipo de hombres feministas mediáticos es nuevo y marca el final de una época en la que la queja habitual era la de la falta de referentes masculinos igualitarios.

La creciente y reciente oleada feminista ha acercado a numerosos chicos jóvenes al movimiento, aunque con dificultades para integrarse en las estructuras, quizá rígidas, de las asociaciones existentes. Muchos de estos chicos crean plataformas que aparecen, lanzan una acción -sobre todo se trata de acciones mediáticas- y más tarde se disuelven. No hemos conseguido todavía una escucha mutua entre el “viejo” movimiento y estos grupos de chicos jóvenes. Lionel S. Delgado alertaba recientemente del peligro de “adanismo” (2018a), de empezar desde cero continuamente, sin enlazar con la herencia del movimiento.

Otro fenómeno interesante y relativamente reciente es la aparición de hombres feministas muy presentes en los medios y muy conocidos públicamente(…) También la creciente y reciente oleada feminista ha acercado a numerosos chicos jóvenes al movimiento, aunque con dificultades para integrarse en las estructuras, quizá rígidas, de las asociaciones existentes.

En este momento, pues, los tres temas sobre los que pivota el movimiento son la violencia machista, la sexualidad y la implicación de los hombres en los cuidados, comenzando por el de la paternidad. En este último sentido, cabe decir que la plataforma por los permisos de paternidad iguales a los de maternidad e intransferibles (PPIINA) ha conseguido concretar en esta reivindicación una demanda que pretende favorecer la incorporación de los hombres al mundo de los cuidados, porque lo considera una palanca importante de transformación de las subjetividades masculinas. La paternidad fue durante mucho tiempo el caballo de batalla de muchos movimientos misóginos de padres separados, escondidos detrás de la pancarta de la llamada custodia compartida. Desde el movimiento de hombres respondimos con la idea de los “cuidados compartidos”. Hoy esta polémica, que en ocasiones fue dura, parece apagada y en muchas legislaciones autonómicas sobre este asunto se opta por inspirarse en el modelo catalán, que prevé un Plan de parentalidad previo a la separación y un servicio de mediación familiar.

Por parte de las instituciones -con la excepción ya citada de algunos ayuntamientos como el de Barcelona y otros y sobre todo de Gizonduz en Euskadi- y a pesar de las declaraciones de la ONU y la UE -que insisten una y otra vez en el necesario trabajo con chicos y hombres- no hay una política decidida y clara al respecto. Todo depende de las decisiones personales: si en un Ayuntamiento, por ejemplo, una concejala es sensible al trabajo con hombres, lo promueve, pero a menudo pasa lo contrario. En Cataluña, por poner un caso, la actitud de l’Institut Català de les Dones respecto a nuestro trabajo ha pasado de la abierta hostilidad, a las promesas de apoyo no siempre cumplidas.

En definitiva, ¿en qué momento estamos, pues, como movimiento? Yo diría que de alguna manera en el país somos como una seta, de cabeza desproporcionadamente grande en relación al cuerpo. Muchas iniciativas, como hemos visto, pero una escasa aún -aunque creciente- incidencia social. Seguimos teniendo el problema de cómo llegar a los hombres, de cómo recoger ese malestar del que antes hablábamos y convertirlo en palanca política de transformación social. Conseguir que se alcen esas voces colectivas y decididas, que interpelen al resto de los hombres, a los de la calle, pero también a los poderosos. Empezamos a ser reconocidos por una parte del movimiento feminista, no por todo él, razonablemente suspicaz con un colectivo como el nuestro que de alguna manera sigue siendo el de los privilegiados. Pero aún no somos reconocidos como interlocutores por el movimiento LGTBI+ y mucho menos aún por otros movimientos sociales, como el ecologista o altermundista.

En el país somos como una seta, de cabeza desproporcionadamente grande en relación al cuerpo. Muchas iniciativas, como hemos visto, pero una escasa aún -aunque creciente- incidencia social.

Los cuerpos de los hombres

En esta segunda parte expondré brevemente algunos de los ejes conductores de las conversaciones entre hombres, aquellas que nos han tenido y tienen más ocupados. Y no puedo comenzar sino con el cuerpo, el cuerpo de cada uno de nosotros. Si en algo se ha notado y se nota el cambio de la condición masculina, es sin duda en lo corporal.

Empezamos por lo que denominaré “la dialéctica de los lavabos”. Desde pequeños nos enseñan a qué lavabo debemos ir, en un binarismo hombre-mujer socialmente muy marcado. Por cierto, es curioso ver de cuántas maneras se marcan las toilettes de hombres y de mujeres: desde las más convencionales hasta algunas muy simbólicas, de tal manera que resulta chocante ver la asociación de ideas de sus creadores. ¡He llegado a ver signos como un botijo y una jarra, una pipa y un pintalabios, etc! Bueno, el caso es mantener esa distinción, que no deja de asociar lo sexual con lo escatológico y con el género, muy interesante. En nuestro caso, el ir a los lavabos de hombres, el orinar de pie en un ritual casi colectivo con otros hombres, forma parte de nuestra iniciación y del aprendizaje (“Torrente” dixit) de que el pene es nuestro principal signo identitario. Por eso es tan rompedora la aparición pública y la reivindicación subsiguiente de las personas intersexuales, cuya genitalidad no está definida, porque rompe este binarismo que parecía ineludible.

Tradicionalmente el cuerpo masculino era un cuerpo deseante. Es decir que apenas se miraba a sí mismo, sino que miraba a los objetos de deseo, las otras, las mujeres, dentro de un imaginario normativamente heterosexual. Ha habido épocas de la Historia en las que los hombres han cuidado mucho su apostura, su apariencia, pero eran excepcionales: los “preciosos” del siglo XVII en Francia (Badinter, 1993, p. 27), los románticos del XIX, etc. En general, la moda masculina ha sido y es bastante conservadora y lo mismo se puede decir de la imagen corporal de los hombres. La aparición del higienismo a finales del siglo XIX empezó a cambiar este patrón poniendo en la palestra a los hombres ágiles, ligeramente musculados que mostraban su fuerza ya no en proezas o hazañas bélicas sino en conquistas deportivas, puesto que el deporte de alguna manera era una sustitución y en algunos casos preparación para la guerra. En nuestros museos tenemos estos modelos de chicos o de hombres, ya desde la época clásica griega. Y está claro que, aunque ahora haya un florecimiento del deporte femenino, este sigue ocupando mucha menos atención mediática. Los modelos dominantes, aquellos a los que se presta atención, son masculinos. En este terreno hay también una enorme brecha de género.

La coraza de los guerreros -fijémonos en esta palabra, puesto que indica que su función era salvaguardar el corazón- se substituye poco a poco por la coraza muscular de los pectorales atléticos. Parece como si una y otra tuvieran la función de proteger las vísceras de los varones, el lugar de nuestra vulnerabilidad. En nuestra era, la de los gimnasios y donde el deporte se ha convertido para millones de personas en una especie de nueva religión, este modelo se extiende como la pólvora. El hombre que muestra los pectorales hasta extremos exagerados y el metrosexual son hombres narcisistas, que gustan de mirarse al espejo y que esperan ser deseados.

La coraza de los guerreros -fijémonos en esta palabra, puesto que indica que su función era salvaguardar el corazón- se substituye poco a poco por la coraza muscular de los pectorales atléticos.

La irrupción pública del imaginario gay contribuye a que giremos la vista sobre nuestro cuerpo y sintamos que puede ser también objeto de deseo. En realidad, aunque se presente como tal, no se trata sólo de “cuidarse”, de sentirse bien, sino de atraer miradas. ¿Estamos, pues, en una nueva época “preciosa”? Quizá. Lionel S. Delgado, que es un chico muy joven, en un artículo reciente, habla aún de la condena del cuerpo masculino: “Nuestra condena está en no ser objeto, sino sujeto” (2018c). De deseo, se entiende.

Nuestra condena está en no ser objeto, sino sujeto” (de deseo, se entiende)

Los Madelman serían los juegos para niños propios de nuestra época. De movimientos sincopados, rígidos, aptos para hombres activos, aunque sea en actividades no necesariamente guerreras. Como los movimientos que nos enseñaban en la “mili” (¡lo llamaban “formación”!), como los que exigían a los trabajadores de las industrias de montaje y que Charlot caricaturizó maravillosamente en el film “Tiempos modernos”. También los deportes exigen movimientos rápidos, “productivos”, adecuados a ser eficaces en la “lucha” por el triunfo. Aún recuerdo las burlas que sufrían los corredores de marcha atlética por sus movimientos de caderas que algunos consideraban “poco masculinos” ¡Hasta qué extremo llega la “policía de género” sobre los cuerpos de los hombres! ¿No es bien visible la dificultad que aún tienen los deportistas de élite que son gays para “salir del armario”?

La Educación Física de las escuelas principalmente nos enseña a movernos así. Solamente una observación: ¿por qué la danza no se considera educación física, por qué la danza ocupa un papel tan secundario en las escuelas, por qué hay tantos hombres torpes en el baile?

¿por qué la danza no se considera educación física, por qué la danza ocupa un papel tan secundario en las escuelas, por qué hay tantos hombres torpes en el baile?

La sexualidad masculina normativa, reducida brutalmente a penetración y a coito, deja la mayor parte del cuerpo fuera. ¡Cuánto campo por explorar, cuántos rincones de nuestra piel a descubrir! En el porno, escuela de aprendizaje de la sexualidad de muchos jóvenes, parece como si follar fuera un trabajo y la eyaculación -masculina, por supuesto, pero a veces incluso la femenina-, exhibida como trofeo, su salario. Es decir, ni en esta relación nos podemos permitir el dejarnos ir, incluso el dejarnos hacer o penetrar sin sentir la necesidad de ser el protagonista. Debemos estar siempre “dispuestos” y la prostitución, entre otras cosas, se vende como la respuesta a estas “necesidades sexuales perentorias” o compulsivas que tenemos, se supone, los hombres. Recordemos como el film “Shame” (2011) exploraba la adicción de un hombre al sexo como una condena brutal.

La sexualidad masculina normativa, reducida brutalmente a penetración y a coito, deja la mayor parte del cuerpo fuera. (…) Debemos estar siempre “dispuestos” y la prostitución, entre otras cosas, se vende como la respuesta a estas “necesidades sexuales perentorias” o compulsivas que tenemos, se supone, los hombres.

La sexualidad masculina queda, entonces, reducida a mera “descarga”, donde el otro o la otra es simplemente un receptáculo, que no existe como tal sino en cuanto su satisfacción alimenta la propia. Y el hombre se mueve, pues, en una dualidad casi psicótica, bipolar, entre las figuras de la “bestia” y el “caballero” (Lionel S. Delgado, 2019).

El hacer de hombre es, por tanto, una continua performance. Una representación que se hace sobre todo delante de los otros hombres. En todo caso, existe ese personaje que llevamos puesto y que no nos deja vivir el momento. Es como si esta forma de contemplar la sexualidad se repitiera clónicamente en otras relaciones: tenemos que penetrar (“pene-trar”) cuerpos ajenos, intimidades, invadir espacios, conversaciones ajenas, países, continentes,… Esta es una parte de la historia que hasta ahora hemos ido construyendo los hombres.

El hacer de hombre es, por tanto, una continua performance. (…) Esta forma de contemplar la sexualidad es como si se repitiera clónicamente en otras relaciones: tenemos que penetrar (“pene-trar”) cuerpos ajenos, intimidades, invadir espacios, conversaciones ajenas, países, continentes,…

La imagen corporal del hombre se nos enseña que ha de ser, pues, activa, siempre dispuesta también, pero no solo, en lo sexual. Hay dos zonas del cuerpo especialmente importantes: los genitales y el culo. Los primeros son como un “fractal” de todo el cuerpo y de toda la dimensión masculina: un pene para pene-trar y dos testículos. Testículo es diminutivo de “testa”, cabeza, y eso quiere decir que nuestras dos cabecitas piensan y muchas veces lo hacen desvinculadas del cerebro. La penetración se considera algo propio de los hombres, armados desde muy antiguo con palos, lanzas, espadas, cuchillos o bastones siempre considerados como símbolos de poder. Desde antiguo ya los romanos consideraban la actividad sexual “activa” de los hombres como la propia de los ciudadanos y la pasiva como la de los esclavos y prostitutas.

Testículo es diminutivo de “testa”, cabeza, y eso quiere decir que nuestras dos cabecitas piensan y muchas veces lo hacen desvinculadas del cerebro.

El culo, en cambio, es la zona tabú, aquella prohibida, intocable. Los insultos lo dicen claramente: cuando envías a alguien “a tomar por culo” es lo peor que le puedes desear. Las prostitutas, en cambio (la obra de Núria Güell “De putas. Un ensayo sobre la masculinidad”, con declaraciones de algunas de ellas así lo corroboran) nos dicen que uno de los deseos profundos de muchos hombres es el de ser penetrado. Algo que socialmente los coloca fuera de la norma y eso incluso parece que ocurre en las parejas gays) marca un cierto carácter femenino en quien lo expresa, cosa que él siente que lo deja fuera de la comunidad de los hombres “de verdad”.

El cuerpo de los hombres se convierte, así, en la expresión de la fortaleza, de la ocultación de la vulnerabilidad. El “talón de Aquiles” clásico nos ilustra de que incluso el máximo guerrero, Aquiles el invencible, tenía allí su punto vulnerable. En Gran Bretaña, una revista de referencia sobre la temática de la condición de los hombres, fundada en 1978, se titulaba por eso así, “Achilles Heel” y se definía como “an anti-sexist magazine for a men’s politics”.

El cuerpo de los hombres se convierte, así, en la expresión de la fortaleza, de la ocultación de la vulnerabilidad

En las relaciones corporales entre hombres es donde socialmente podemos observar un cambio evidente.  Tradicionalmente los hombres no se tocaban o cuando se abrazaban lo hacían dándose golpes para hacer gala de hombría. El rito de darse la mano implicaba decir al otro que uno no iba armado. Es decir, en principio otro hombre es un posible rival, ante el que mostrarse precavido. El fantasma de la homosexualidad y la homofobia están presentes cuando dos hombres se saludan, el definirse como hombre equivale a definirse como no mujer y no homosexual, siempre en negativo.

Ahora, sin embargo, cada vez hay una mayor expresión corporal del afecto entre hombres, pero las trabas no han desaparecido del todo. En muchos ambientes aún no está normalizado que dos amigos se saluden con un beso, por ejemplo. En los grupos de hombres, uno de los aspectos en los que insistimos más es el trabajo corporal, el trasladar al cuerpo la confianza hacia los otros, el dejarse ir, el bajar la guardia. Es curioso comprobar como existe este deseo de proximidad física con otros hombres, deseo que se manifiesta en ocasiones especiales, como las fiestas o el carnaval, o bien en los partidos de fútbol después de marcar, cuando los jugadores se echan encima unos de otros e incluso a alguien se le escapa, ay, tocarle el culo al compañero.

Debería estar claro que este modelo impuesto deja fuera a la mayor parte de los hombres reales. Los hombres obesos, los deformes, los no musculados, los “impotentes” (fijémonos en qué se centra la “potencia” masculina), los que tienen alguna dificultad motora. Pienso en el grupo de lo que ellos mismos llaman “diversidad funcional”, cuyo movimiento, además de reclamar su derecho a la asistencia, planta cara al “capacitismo” imperante. También quedan fuera los hombres mayores, convertidos en invisibilizados. Tenemos dificultad para aceptar el envejecimiento, la decrepitud. Y la enfermedad.

Lo dicen las estadísticas: a los hombres nos cuesta ir al médico, vamos muchas veces tarde, porque ir al doctor implica reconocer una debilidad. Esto evidentemente se vuelve en contra de nosotros, en forma, entre otras cosas, de una menor esperanza de vida. Existe una especialidad médica, la ginecología, a la que las mujeres acuden sin vergüenza. En cambio, la equivalente masculina, que sería la andrología, a menudo se esconde bajo el apelativo más general de “urología”. ¿Por qué? Porque reconocer un problema andrológico, es decir, relacionado con los genitales, aún provoca vergüenza en muchos hombres. Mientras hay campañas públicas insistentes en que las mujeres se hagan la prueba de la mamografía, no existen para que los hombres mayores de cincuenta años revisen su próstata regularmente.

Debería estar claro que este modelo impuesto deja fuera a la mayor parte de los hombres reales. (…)

La propaganda de las clínicas dedicadas a tratar la disfunción eréctil nos indican la existencia de una auténtica pandemia. Está por investigar qué relación hay entre esta pandemia y el desconcierto, descolocación o crisis de identidad de muchos hombres. Porque parece que los hombres en general cuando somatizamos un malestar lo hacemos también en esta zona de nuestro cuerpo.

Liberar el cuerpo masculino, pues, habría de ser una necesidad sentida. Cuidarse de verdad, para sentirse mejor uno mismo. Acercarse a las expresiones del cuerpo no productivas, más creativas, más placenteras. Nos queda aquí aún mucho camino por delante. Dejar de lado el “personaje”, la careta, el miedo de ver qué es lo que hay debajo de esta, quiénes somos realmente y qué realmente deseamos como humanos que somos.

Liberar el cuerpo masculino, pues, habría de ser una necesidad sentida. Cuidarse de verdad, para sentirse mejor uno mismo. Acercarse a las expresiones del cuerpo no productivas, más creativas, más placenteras

El relato heroico oculta un vacío insoportable

Todo lo hecho, lo escrito, lo creado por hombres cobra desde el principio, por el hecho de hacerlo nosotros, un valor extra. Yo diría que este mismo escrito corre peligro de caer en este engaño. Practicar el mansplaining, es decir, explicar a una mujer lo que ella ya sabe o incluso lo que ella misma ha escrito; demostrar, sobre todo ante otros hombres) algo que se pueda considerar extraordinario o “heroico”, aunque sea haber  conseguido montar un mueble de Ikea, forma parte de esa “performace” de la que antes hablábamos. Es un estrés continuo, ese ansia, esa “necesidad” de tener que demostrar continuamente que se es hombre.

Es un estrés continuo, ese ansia, esa “necesidad” de tener que demostrar continuamente que se es hombre.

Desde siempre los hombres hemos escrito relatos heroicos, especialmente en la tradición occidental. El heroísmo muchas veces se demuestra en los campos de batalla, pero también en las aventuras, en la necesidad continua de ir siempre “más allá”. Algunas de ellas interesantes, que han abierto mundos nuevos, pero otras olvidables, siempre marcadas por la excepcionalidad, por estar situadas fuera del contexto habitual. Nos faltan “héroes” cotidianos, pero que no se hagan el héroe porque hagan lo que ellas simplemente han hecho desde siempre.

En palabras de Almudena Hernando, una prehistoriadora y antropóloga, autora de “La fantasía de la individualidad”(2012), esa continua necesidad de reconocimiento marca un vacío interior muy importante. Ese vacío forma parte del núcleo de la masculinidad. Por eso esa necesidad continuada de taparlo con hechos heroicos siempre hacia fuera, de protegerlo con corazas de todo tipo. En el fondo, nos da miedo mirarnos adentro y conectar con este agujero interior. Que al quitarnos la máscara, detrás esté el hombre sin rostro. Porque, además, en las palabras de esta autora, ser hombre es sentir “una dependencia no reconocida”. Es decir, sentirse necesitado de los demás, como humanos incompletos y vulnerables que somos, pero no poder reconocerlo. Los psicoanalistas quizá lo expliquen en términos de la ruptura con el vínculo materno, pero desde pequeños aprendemos a aguantar, a no manifestar según qué sentimientos, a no pedir ayuda, a hacer ver que somos omnipotentes. Cosa imposible e irreal, por supuesto.

Ser hombre es sentir “una dependencia no reconocida”. Es decir, sentirse necesitado de los demás, como humanos incompletos y vulnerables que somos, pero no poder reconocerlo.

Podríamos decir que ser hombre de esta manera es vivir en una bomba a punto de explotar. Y que explota cuando y con quien no toca. Las adicciones que nos ayudan a desensibilizarnos, las conductas de riesgo (en el trabajo, en la carretera; no en vano la mayor parte de los accidentes laborales y de tráfico tienen protagonistas masculinos) en una especie de “impulso de muerte”, todo nace de este vacío que no nos permiten, que no nos permitimos sentir.

Una especie de “impulso de muerte”, todo nace de este vacío que no nos permiten, que no nos permitimos sentir.

Luego está la figura del “Atlante”, aquel personaje mitológico que sostenía el cielo con la espalda. Esa figura que nos dice contínuamente que hemos de ser sustentadores, protectores, proveedores. Esto en principio puede parecer positivo, pero el lado oscuro es no poderse permitir desfallecer, dudar, pedir ayuda, apoyarse en otros. Además, ¿quién puede ser capaz de sostener el cielo, de tener esa responsabilidad, además en solitario? Es el hombre encorvado por ese peso, el hombre que -como Jesucristo en la cruz- se inclina y en su estertor maldice su suerte. En pequeño formato, no tan heroico, es la figura, más que nada patética, de aquel hombre que siempre quiere tener la razón y decir la última palabra, la del que se empeña en gestas que le sobrepasan. Una viñeta de “El Roto” lo expresa mejor con una imagen: se ve un hombre de espaldas,  herido y jorobado, que dice: “ir siempre cargado de razón me destrozó la espalda”.

La figura, más que nada patética, de aquel hombre que siempre quiere tener la razón y decir la última palabra, la del que se empeña en gestas que le sobrepasan.

Y la violencia. Esta violencia hacia dentro que se transforma en violencia hacia fuera, hacia los demás, empezando por otros hombres y siguiendo con las mujeres, en una espiral interminable y autodestructiva. Esa desesperación con la que algunos hombres viven la creciente independencia de las mujeres, su libertad, como si fuera una traición. Porque sabemos que las necesitamos, que nos hacen falta sus cuidados, pero nos resistimos a verlas como personas iguales. Ellas también son sujetos deseantes, sujetos necesitados de cuidados. En nuestro fuero interno tenemos grabada a fuego esa idea de que los cuidados y los deseos no pueden ser recíprocos. Y pueden serlo, han de serlo.

Esta violencia hacia dentro que se transforma en violencia hacia fuera, hacia los demás, empezando por otros hombres y siguiendo con las mujeres, en una espiral interminable y autodestructiva. Esa desesperación con la que algunos hombres viven la creciente independencia de las mujeres, su libertad, como si fuera una traición.

El psicólogo Ernesto Sinatra en su libro clave “Nosotros los hombres. Un estudio psicoanalítico” (2003) nos sorprende con humor diseccionando los hombres, atrapados en sus obsesiones. Partiendo de la afirmación de que “ya no quedan hombres”  y de la decadencia de lo viril, nos presenta algunas de sus historias clínicas en las que aparece la crueldad que conlleva la obsesión, el magnífico ejemplo que él pone en su libro sobre el “goce de la cucaracha”, el goce que experimentamos cuando chafamos un insecto que nos resulta asqueroso. Este vínculo, pues, entre crueldad y obsesión que estaría en el centro de la subjetividad masculina.

El poder, el dominio sobre otros es también una forma de tapar el pozo oscuro de nuestras vidas, aquél que nos conecta con nuestra finitud, con la muerte. Intentar superar la propia inseguridad -que no nos permitimos manifestar-, hacer ver que somos gigantes subiéndonos a los hombros de los demás. Por eso, el poder nos traspasa, atraviesa todo nuestro ser, nuestro cuerpo. Nos dificulta ver a los demás como otros semejantes. El filósofo coreano-alemán Byung Chul Han (2014) explica nuestra sociedad como sumida en el narcisismo y la autorrefencia, donde el otro no existe como tal, sino solo como pedestal para subirse encima. Es “la expulsión de lo distinto” (Han, 2016). Pero esa invisibilización del otro (y sobre todo, la otra, en palabras de Simone de Beauvoir, 1949) aniquila el eros, el deseo de conectarse con el no-yo, de salir de uno mismo. Así el círculo se cierra y el artificio que comenzó para tapar el vacío acaba siendo un torbellino que nos arrastra hacia abajo, sin dejar de dar vueltas alrededor del agujero negro central. Es la epidemia de la depresión. Por eso en la esencia de la dominación masculina hay este aliento de muerte. Sin ir más lejos, vemos este mecanismo en los movimientos neofascistas, xenófobos y racistas. Pero si le damos la vuelta, ¡qué identidad tan débil la masculina, aquella que necesita de tamaño artificio para sustentarse, siempre en equilibrio inestable!

Nuestra sociedad está sumida en el narcisismo y la autorrefencia, donde el otro no existe como tal, sino solo como pedestal para subirse encima. Es “la expulsión de lo distinto” (Han, 2016). Pero esa invisibilización del otro (y sobre todo, la otra) aniquila el eros, el deseo de conectarse con el no-yo, de salir de uno mismo. (…) Por eso en la esencia de la dominación masculina hay este aliento de muerte

En palabras de Han, “la forma de curar esa depresión es dejar atrás el narcisismo. Mirar al otro, darse cuenta de su dimensión, su presencia” (2014). Ser conscientes de ese vacío, desactivar la espoleta de la violencia interior que se manifiesta como destructiva también hacia fuera, dejarnos en paz y dejar en paz al mundo, a las mujeres, a las criaturas, al medio. Vernos a nosotros mismos como un grupo en el que, con las bellas palabras de un verso de Quevedo, “el ciego lleva a cuestas al tullido”.

Pero cuidar de los demás no es fácil. Significa  abrirse a sus necesidades, dejar de lado la obsesión por el control y por el propio ego. Para muchos hombres la experiencia de la paternidad es una escuela de cuidados, siempre y cuando la despojemos de toda la parafernalia heroica, porque a veces,como dice Octavio Salazar (2017) parece que los “nuevos padres” sean otra especie de héroes, porque, como decíamos atrás, los hombres tendemos a mancharlo todo de esta capa de heroicidad, cuando hacemos lo que nos corresponde y menos de lo que siempre han hecho las mujeres. Pero la experiencia de la paternidad nos sitúa a los hombres ante la evidencia de este lazo privilegiado, corporal entre madre y criatura. Es decir, nos desplaza del centro, nos sitúa en un lugar de apoyo que, si lo elaboramos, nos ayuda a  ver que nuestro mundo no es “el” mundo, sino una parte, que somos parciales y que lo podemos vivenciar sintiendo lo que los italianos llaman “terciaridad”.

¿Se puede suspender la ley de la dominación masculina? se pregunta Pierre Bourdieu (1998, p. 78) ¿Puede ser el amor una excepción, la única, pero de primera magnitud, de esta ley? En un bellísimo postscriptum de su llibro capital, “La dominación masculina” (1998), el autor francés piensa que es posible

“la suspensión de la fuerza y de las relaciones de fuerza que parece constitutiva de la experiencia del amor o de la amistad. Ahora bien, en esta especie de tregua milagrosa en la que la dominación parece dominada o, mejor aún, anulada, y apaciguada la violencia viril (como se ha establecido muchas veces, las mujeres civilizan al despojar las relaciones sociales de su grosería y brutalidad), se ha terminado la visión masculina, siempre cinegética o guerrera, de las relaciones entre los sexos; terminadas también las estrategias de dominación” (1998, p. 79)

¿Se puede suspender la ley de la dominación masculina? se pregunta Pierre Bourdieu ¿Puede ser el amor una excepción, la única, pero de primera magnitud, de esta ley? (…) La invención del amor, vivida de otra manera en otras culturas, puede ser, según el autor, un camino para superar el narcisismo obsesivo y depresivo.

Está claro que aquí no se refiere al llamado “amor romántico”, que para él sería otra forma de violencia simbólica, sufrida sobre todo por las mujeres. El autor se refiere a lo que llama “la economía de los intercambios simbólicos, cuya  forma suprema es el don de uno mismo, y del propio cuerpo, objeto sagrado, excluido de la circulación mercantil” (ibidem). Todo lo contrario a los intercambios amorosos concebidos como mercancía en el seno del neoliberalismo vigente. O del amor “venal o mercenario”, auténtico oxímoron. El amor puede ser una vía de liberación de los hombres encerrados en su laberinto de Minotauro, porque el amante “abdica, como él mismo, de la intención de dominar. Entrega libremente su libertad a un dueño que le entrega también la suya propia, coincidiendo con él en un acto de libre alienación indefinidamente afirmado (ibidem)

Si ya los clásicos ensalzaron el valor de la amistad entre hombres como vía de enriquecimiento mutuo y placentero de reconocimiento del otro, más recientemente en la Historia occidental la invención del amor, vivida de otra manera en otras culturas, puede ser, según el autor, un camino para superar el narcisismo obsesivo y depresivo. Si no sonara demasiado cursi porque la palabreja “amor” ha sido prostituida, como tantas otras-, diríamos que aprender a amar es, pues, una vía de liberación de los hombres.

Amar, sin embargo, implica reconocer, empezando por el reconocimiento básico (aquel que nos dice que venimos de mujer). Por eso el reconocimiento de las aportaciones de las mujeres que han sostenido la vida -entre ellas, la nuestra propia- es el principio del camino (Deriu, 2006). Tenemos aún muy metido dentro el mandato de la ruptura adolescente con la madre, una herida que tenemos que sanar para abrirnos a amar a otras personas y al mundo.

Tenemos aún muy metido dentro el mandato de la ruptura adolescente con la madre, una herida que tenemos que sanar para abrirnos a amar a otras personas y al mundo.

La fraternidad excluyente

Ya Virginia Woolf en “Tres guineas” (1938) pintó un retrato de lo masculino desde fuera, como algo ridículo, con sus rituales, desfiles, etc. Por primera vez algo que siempre se había considerado solemne y respetable se veía desde otro prisma. Y se trataba de algo tan esencial como la guerra, que en esos momentos se estaba preparando en toda Europa. Su interlocutor le pedía que contribuyera económicamente a un fondo pacifista y ella le responde situándose fuera del simbólico de la guerra y del antimilitarismo, poniendo el foco en las cuestiones que afectaban a las mujeres.

Era su manera de remarcar que las guerras, que lo militar era una creación de una manera de ver el mundo propia de los hombres, a la que ella se sentía ajena. Los uniformes militares, evidentemente lo que pretendían (y pretenden) es anular las individualidades en una masa uniforme fácilmente manipulable. Tratan de marcar un “nosotros” frente a un “ellos”, en un esquema binario que concibe que la única solución a cualquier conflicto pasa por la aniquilación de los otros, su sometimiento. O nosotros o ellos.

Esta manera de ver el mundo lo vemos reflejada en innumerables microejemplos: las bandas, pandillas, maras, manadas, grupos de hooligans, etc, hasta llegar a los nacionalismos identitarios que se definen siempre en contra de los otros. Ya no solamente hay el miedo al otro del que hemos hablado antes, sino el cultivo sistemático del odio al otro. O por lo menos su menosprecio. El racismo, la colonización, la aniquilación de culturas enteras son el resultado de todo este mecanismo. Nos apoyarnos en otros hombres, a los que llamamos “compañeros” o “hermanos” (o cofrades o nombres similares) para, otra vez, intentar suprimir la sensación de incompletud que nos hace difícil soportar la soledad. Pero si le añadimos el componente de crueldad del que antes hablábamos, el resultado es siempre violento.

Sometimiento, dominación, exclusión, la bases del sistema patriarcal que hemos creado desde hace milenios los hombres. Un edificio que a veces parece que se viene abajo, pero que siempre acaba aguantando y se mantiene. Muchas mujeres ya hace tiempo que le niegan su reconocimiento, que intentan vivir sus vidas al margen, pero aún demasiados hombres le dan apoyo, lo sustentan. Por miedo a lo desconocido, por interés, pero dan soporte a un sistema criminal que destroza vidas, también las nuestras.

Sometimiento, dominación, exclusión, la bases del sistema patriarcal que hemos creado desde hace milenios los hombres. Un edificio que a veces parece que se viene abajo, pero que siempre acaba aguantando y se mantiene. Muchas mujeres ya hace tiempo que le niegan su reconocimiento, que intentan vivir sus vidas al margen, pero aún demasiados hombres le dan apoyo, lo sustentan. Por miedo a lo desconocido, por interés, pero dan soporte a un sistema criminal que destroza vidas, también las nuestras.

Hay un episodio de la Historia que se considera fundacional de la modernidad en Occidente. Cuando los diputados de la Asamblea Constituyente francesa en 1789 escribieron la “Declaración de derechos del hombre y del ciudadano”, lo hicieron despojando de la ciudadanía a mujeres y esclavos y basándola en el derecho de propiedad. Todos hemos visto el cuadro de los diputados de la asamblea nacional -todos hombres, más allá de las divisiones por estamentos- levantando la mano para jurar. Una imagen de unanimidad contra los excluidos y las excluidas. Y no es broma. Poco tiempo después, cuando Olympe de Gouges se atrevió a proclamar  la declaración de los Derechos de la mujer y de la ciudadana, la respuesta fue fulminante: fue guillotinada “en nombre de la libertad”. ¡Cuántas veces la ideología ha servido para cubrir estas exclusiones!

Abundamos, pues, en lo mismo. Detrás de estas exclusiones hay un miedo a conocer y reconocer al diferente, al otro. Una manera de funcionar empobrecedora y limitadora, porque sin apertura a lo nuevo no hay avances. La bandera arco iris del movimiento lgtbi lo dice claramente: el mundo es diverso, la diversidad (de todo tipo, cultural, sexual, ecológica…) es riqueza. Parafraseando a los Black Panther, ¡lo queer, lo raro es bello!

La bandera arco iris del movimiento lgtbi lo dice claramente: el mundo es diverso, la diversidad (de todo tipo, cultural, sexual, ecológica…) es riqueza. Parafraseando a los Black Panther, ¡lo queer, lo raro es bello!

Conclusión. La necesidad de una voz colectiva

Si conseguimos transformar este malestar difuso ante esta manera de vivir que ya vemos que es obsoleta, limitadora, responsable de gran parte del sufrimiento y dolor que hay hoy en el mundo, en voces masculinas plurales y diversas, pero firmes denunciando esta ignominia; si lo hacemos aprendiendo y reconociendo el trabajo de las mujeres feministas, que hace tiempo que lo llevan haciendo; y de la mano de otros movimientos sociales emancipadores habremos contribuido a abrir una esperanza en la Humanidad. Es nuestra responsabilidad. Si no, nuestro silencio nos hace cómplices.

Si conseguimos transformar este malestar difuso ante esta manera de vivir que ya vemos que es obsoleta, limitadora, responsable de gran parte del sufrimiento y dolor que hay hoy en el mundo, en voces masculinas plurales y diversas, pero firmes denunciando esta ignominia; si lo hacemos aprendiendo y reconociendo el trabajo de las mujeres feministas, que hace tiempo que lo llevan haciendo; y de la mano de otros movimientos sociales emancipadores habremos contribuido a abrir una esperanza en la Humanidad. Es nuestra responsabilidad

Bibliografía citada

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Bourdieu, Pierre (1998) La Domination masculine, Paris, Le Seuil [edición castellana: “La dominación masculina”, Barcelona, Anagrama, 2000]

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Ciccone, Stefano (2009), Essere maschi, tra potere e libertà, Torno, Rosenberg & Sellier.

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Delgado, Lionel S. (2018b), “Enfadados con todo. Vox y la masculinidad”, en El salto, 9 de diciembre, https://www.elsaltodiario.com/vox/enfadados-con-todo-vox-masculinidad

Delgado, Lionel S. (2018c), “Sexualidad: el acto sexual como un reto para el hombre: bestia y caballero, en Sociología crítica, 19 de diciembre, https://dedona.wordpress.com/2018/12/19/sexualidad-el-acto-sexual-como-un-reto-para-el-hombre-bestia-y-caballero-lionel-s-delgado/

Deriu, Marco (2006), “Amore e riconoscimento: la violenza maschile e il senso delle nostre relazioni”, en Via dogana, septiembre [edición española: “Amor y reconocimiento: la violencia masculina y el sentido de nuestras relaciones”, en Duoda, núm. 32, 2007]

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Marquès, Josep Vicent (1978): “Sobre la alienación del varón”, en El viejo topo, núm. 19, abril.

Marquès, Josep Vicent (1981), ¿Qué hace el poder en tu cama? Apuntes de la sexualidad bajo el patriarcado, Vilassar de Dalt, El Viejo Topo.

Oliver, Perico (2001), La utopía insumisa de Pepe Beúnza. Una objeción subversiva durante el franquismo, Barcelona, Virus.

Salazar, Octavio (2017), “La mística de las nuevas paternidades”, en Huffpost, 11 de marzo, https://www.huffingtonpost.es/octavio-salazar/la-mistica-de-las-nuevas-paternidades_a_21879956/

Sinatra, Ernesto (2003), Nosotros los hombres. Un estudio psicoanalítico, Buenos Aires, Tres Haches.

Woolf, Virginia (1938), Three guineas, Londres, Hogarth Press. [última edición castellana: “Tres guineas”, Buenos Aires, Godot, 2015]

Este artículo fue publicado originariamente en la revista “Temas de psicoanálisis”, Julio 2019

DE PATERNITATS

De paternitats

Per Roger Gras Pacheco -Juny 7, 2019

Roger Gras Pacheco és llicenciat en Història per la UAB, pare de tres nens (el darrer des de fa uns dies). Està vinculat a Homes Igualitaris d’ençà una dècada. És amant de la lectura, el cinema i les arts i historiador ocasional dels marges.

A escassos dies d’acollir amb la meva companya el nostre tercer fill, amb el seu naixement, un nou acte d’amor i de benvinguda a aquest món fràgil que ens hem construït, m’atreveixo a escriure unes poques paraules sobre el “ser pare” avui.

Ahir mirava novament amb Bruno, el gran que ja compta 8 anys, Peter Pan. Nins que no volen deixar de ser-ho. Que lluiten vers el món rígid dels adults. Contra la fi de la imaginació en la vida, els somnis i la fantasia.

Un terme m’assalta: “adultocràcia”. La mesura d’un criteri. Que imposa una manera de ser, de parlar i d’ordenar. Em pregunto si esdevenir pare té alguna relació amb aquest concepte. Deixar de ser, per passar a ser. Responsable, atent, present i referent en la vida d’un altre. Contemplo aquesta idea per fer-la meva. Cerco els meus referents masculins. Quin millor que el mateix pare? Brollaran ferides quan contempli la mirada, que tot ho abasta i tot ho explica, dels meus fills? Com s’aprèn a ser guia, a acompanyar, a ser i estar present sempre que l’altre, que és part de tu, però que alhora l’has d’ajudar que no ho sigui, et requereixi, et necessiti?

Torno al present, al dia a dia, d’equilibris inestables.

INTENTO NO SER AUTORITARI AMB ELS NINS, POSAR LA MEVA MIRADA ALS SEUS ULLS, DOBLEGAR ELS GENOLLS PER PARLAR I ESCOLTAR ENTRE IGUALS.

Intento no ser autoritari amb els nins, posar la meva mirada als seus ulls, doblegar els genolls per parlar i escoltar entre iguals. Complexa tasca, que no passa pel racional, sinó pel que un pot assumir. Cuidadors que han de ser cuidats a la recerca d’espais propis. Gaudir d’un temps preciós, compartit sempre, però solitari i plaent quan sigui necessari. Cercar i trobar moments per a tots i per a un.

Portar una vida al món és un acte irreversible. Mostrar-se i ser vulnerable. A les pors, a les incerteses i saber i constatar que, només es pot transmetre des de l’amor i la serenor. Sense crits, sense rancúnies.

El moment d’acollida d’un nadó és especialment transcendent en la ubicació de cada adult de la unitat familiar. Respectar el vincle instintiu entre mare/fill, assegurar que la lactància prosperi en harmonia entre els dos, guarir, acompanyar i explicar als altres germans la nova realitat. El meu paper “secundari”, realment no ho és: mantenir l’ordre i neteja de la llar, dur als nins a les seves activitats diàries, abastir d’aliments, cuinar…

EL MOMENT D’ACOLLIDA D’UN NADÓ ÉS ESPECIALMENT TRASCENDENT EN LA UBICACIÓ DE CADA ADULT DE LA UNITAT FAMILIAR.

Com ser pares avui? Cuidem més que abans? Sento que hem “evolucionat” amb drets adquirits. Se’ns garanteix una baixa de paternitat, dos mesos actualment. Què fem amb aquests dies? Juguem un paper pro-actiu en l’escolta i la cura? Sabrem renunciar a no ser protagonistes d’aquests instants? Cuidar sento que sempre és allò invisible. El detall que ens fa el dia a dia més suportable. Més càlid. Amorós. No es pot obligar a ningú a cuidar a l’altre. Per això, perquè es tracta de sostenir, escoltar i estar atent a les demandes.

El fet biològic no és intranscendent. Jo home, no sento que el nouvingut “sigui present”, contemplo la panxa de la meva companya, com creix, els moviments de vida de la criatura que duu dins, però la “meva vida” transcorre en el meu imaginari quotidià, amb “normalitat”. El vincle, en canvi, entre mare/nova vida, és carnal i vital. En aquest punt, més teòric potser, és, com afirmava l’amic Guillermo Gorostiza on “la posició del pare és la del tercer que entrarà a formar part del dia a dia en la mesura que la mare el faci present. Curiosament aquest convertir la parella en trio és el que a les criatures els obre el desig per allò social, interessar-se per allò que pot haver-hi més enllà de la mare.” Què sóc jo doncs, una “construcció social”, un subjecte a qui la mare designa, en la mesura que m’implico en la criança del nadó des de l’amor, el respecte i els silencis? Potser sí.

JUGUEM UN PAPER PRO-ACTIU EN L’ESCOLTA I LA CURA? SABREM RENUNCIAR A NO SER PROTAGONISTES D’AQUESTS INSTANTS? CUIDAR SENTO QUE SEMPRE ÉS ALLÒ INVISIBLE.

Abandonar el protagonisme per sostenir un entorn que, a la vegada, ha d’assegurar que el vincle mare/criatura sigui amorós i emocionalment estable.

En el nostre context actual, en una Europa que resta gairebé impassible, que el mar Mediterrani s’hagi convertit en una fossa comuna de persones que fugen de la mort i la barbàrie, on la violència sistèmica és quelcom cada vegada més evident. Ens trobem amb reformes legislatives que, per exemple en el cas de les paternitats ha suposat alguns canvis significatius.

L’OMS recomana (per salut, per vincle afectiu) la lactància materna en un període mínim de 6 mesos. A Espanya, la baixa de maternitat, no s’ha modificat d’ençà de l’any 1979, amb uns quatre mesos irrisoris. Des de l’abril d’aquest 2019, nosaltres, els pares o altres membres de la parella, l’estat ens ha “concedit” de 13 dies a 8 setmanes d’acompanyament. En molt poc temps, se’ns ha incrementat la “baixa” en cas que estiguem cotitzant a la seguretat social, gairebé un 300%. Jo com a pare amb certa i humil experiència, no puc restar impassiu al debat que s’ha generat en el si del feminisme, un “subjecte polític” que als nostres dies i després de molta lluita, és protagonista. Davant aquestes “concessions estatals”, em pregunto el perquè necessitem que l’administració ens organitzi els “tempos” de la criança. Volem que ens diguin quant de temps hem d’estar cada adult amb les nostres criatures? I que aquest temps, com si es tractés d’una “cadena de muntatge”, no es pugui superposar? Qui cuida a qui? I com, si no ens podem trobar?

VOLEM QUE ENS DIGUIN QUANT DE TEMPS HEM D’ESTAR CADA ADULT AMB LES NOSTRES CRIATURES? I QUE AQUEST TEMPS, COM SI ES TRACTÉS D’UNA “CADENA DE MUNTATGE”, NO ES PUGUI SUPERPOSAR? QUI CUIDA A QUI? I COM, SI NO ENS PODEM TROBAR?

Necessitem aquesta regulació? No seria més sa, menys invasiu potser, que cada unitat familiar disposés d’un temps determinat (1 any i mig per exemple) per organitzar-lo al seu antuvi? Essent la mare la que decidís a qui i per a què atorga aquest temps de cura i escolta? És necessari que l’estat, fredament i burocràticament, ens digui quin i quant temps necessitem per sostenir les primeres mirades al món dels nostres nadons?

El debat hi és. Les posicions semblen enrocades i poc proclius al debat, entre ser lobby polític de pressió, i mares i pares que volem mantenir i cuidar el vincle mare/criatura per elegir qui serà el tercer adult en cura (pares, àvies, tiets…) transferint temps de qualitat per ser cuidades.

Doncs si, hom creu que és una “construcció social”.

Què entenc per això? Doncs que en la nostra quotidianitat, en la radiografia social d’amistats dones que són mares, companyes d’escola, d’institut que ens retrobem al cap dels anys ja ben entrats a la trentena, és freqüent que la “figura del pare” sigui absent o que directament no hi sigui, per separació per conflicte, o potser, hom creu això, perquè la mare no l’ha volgut a prop per no sentir-lo capaç de cuidar. Aquí rau la qüestió, la mare, obeint a un instint primari, designa qui serà aquesta persona adulta que “sostindrà” els primers anys de vida de la criatura. Trencant amb models tradicionals, podrien ser més d’una persona adulta, tenint en compte l’avui precari que vivim, en termes laborals i vitals.

Per tant, a grans trets, aquest és el meu paper.

Un nou membre està a punt d’arribar. Més coneixedor dels meus límits, de la necessitat vital de comunicar desitjos amb la meva companya, per mantenir una estabilitat emocional, una alegria fundada en l’amor per acollir una nova vida. Sóc aigua i defujo ser enclusa. Fugiré novament de les soledats de criar en l’individualisme, que ofega i trastorna. Tornaré novament a cercar adultes iguals, per a compartir la joia i la responsabilitat d’acompanyar en el fet de créixer.

(Aquest article va ser publicat originàriament al blog “Aguait“)

X TROBADA CATALANA DE GRUPS D’HOMES, EL PROPER 15 DE JUNY A SANT CUGAT

Amigues, amics,

Com segurament ja sabeu, un parell de cops a l’any ens reunim els grups d’homes per la igualtat de Catalunya. Aquestes trobades serveixen per conèixe’ns, intercanviar experiències i fer projectes comuns. Cada trobada es fa en un lloc diferent, amb la voluntat d’anar bastint una xarxa de relacions entre els diversos grups locals i anar creant-ne de nous.

El matí i migdia del proper dissabte 15 de juny tindrem la X Trobada catalana de grups d’homes per la igualtat a Sant Cugat. Els amfitrions en aquest cas seran els companys socis d’Homes Igualitaris que viuen a Sant Cugat i La Floresta.

Cada trobada gira al voltant d’un tema. En aquest cas, el tema triat és “XARXES I CURES. Eines de comunicació no violenta per a les xarxes socials“. Es tracta de fer una reflexió des d’allò personal sobre com ens cuidem quan ens comuniquem, i especialment si ho fem quan ens comuniquem mitjançant les xarxes socials, on és molt sovint difícil posar-se en el lloc de l’altre, escoltar-se i expressar-se adequadament.

Als homes amics us demanem, doncs, que us inscriviu en la Trobada, adreçant-vos a homesigualitaris@gmail.com, indicant a l’assumpte “X Trobada”, i dient-nos el nom i la localitat on viviu i si us quedeu al dinar de germanor que prepararem.

A les dones amigues us demanem que animeu els vostres companys, amics, coneguts a què s’hi inscriguin. (Pròximament farem una trobada mixta).

Comptem amb vosaltres!

Els vostres companys

HOMES IGUALITARIS (AHIGE Catalunya)

CONVERSA AMB OCTAVIO SALAZAR

Justo Fernández

Octavio Salazar en la presentació del seu llibre “We too” a la llibreria Lluna de Palma de Mallorca

Fer present a Octavio Salazar en aquestes pàgines és una tasca propera, ja ens va oferir un article a la secció Desembolicar. L’autor del llibre #WeToo, presentat a la Llibreria Lluna el passat divendres 10 de maig, té una extensa obra i un compromís ferm en la desconstrucció de la masculinitat. És un home que podem trobar molt sovint parlant, comunicant pensament en aliança amb els feminismes.

El llibre #WeToo parla als més joves. Amb fermesa, amb generositat, amb amor vers totes elles i ells. L’autor ens ajuda a mantenir la confiança. Així i tot, des d’aquesta estimació, adverteix sobre els riscos evidents que atropellen de manera massa comuna els espais de vida personal i comunitària. Ajuda a repassar el que suposen les “manades”, aquestes agrupacions assetjadores, violadores i assassines que reprodueixen els models més violents i criminals, encaminades a mantenir l’esperit de la guerra, del més absolut menyspreu vers les dones, vers les persones LGTBI+, vers aquells que es mostren diferents i diverses.

D’entrada ens aboca el que ve essent un dels lemes més presents a les marxes feministes: “El contrari del feminisme, és la ignorància”. Tota una convidada a endinsar-nos en el que obri el ventall del coneixement, el que ens venen aportant amb els feminismes moltes dones, aspecte oblidat, ocultat, invisibilitzat intencionadament, negat amb virulència, com tenen per costum dur a terme des del poder, per mantenir els àmbits del domini.

Al voltant de la presentació del llibre, Justo Fernández, autor de Diálogos Masculinos i a Mallorca les darreres setmanes, i Pere Fullana, conductor de la secció Desembolicar i de la secció #HomesTransitant a Ona Mediterrània, comparteixen una conversa amb Octavio, sobre el binomi masculinitat-feminitat, els privilegis i les pors. Ens fa una aportació que esdevé fruit de la conversa, de la lectura i el seguiment a les seves obres.

Em fas veure que sents profundament el dolor del terror. I no és tan habitual en un home com desitjaríem. Com reps això?

Quan veig unides, o molt a prop, paraules com amor, dolor i terror, sent una sacsejada per dins que em fa posar-me alerta. Crec que una de les majors dificultats per a la igualtat real, i per tant perquè les dones i els homes puguem habitar un món més feliç que el present, radica en com continuem entenent l’amor, les relacions afectives, i no diguem el sexe… Jo crec que ara com ara, al costat de la dimensió més estrictament política i que té a veure amb el poder, el moll de la desigualtat està aquí, en com entenem les dependències i les cures, les emocions i els cossos. Aquesta és la clau més revolucionària que, per cert, ja la van apuntar fa més d’un segle dones com Alejandra Kollontai.

#HomesTransitant. Homes en trànsit. Elles ens guien. Et sembla bé?

Jo crec que els éssers humans som, jo diria que per naturalesa, éssers en trànsit. Si assumíssim aquesta condició, que suposa entre altres coses eliminar els compartiments estancs que ha creat el sistema sexe/gènere, ens estalviaríem molts problemes. No crec en les identitats, em semblen claustrofòbiques, crec que en les subjectivitats, sempre en moviment.

no perseguesc un home nou, perseguesc acabar amb la masculinitat. En cas contrari, me pareix que correm el risc de continuar prorrogant privilegis, protagonisme i poder.

En aquest sentit, els homes tenim l’enrevessada tasca de desaprendre tot el que el masclisme ens ha anat “ficant en vena” durant segles. Això implicarà un procés, que me fa l’afecte, ens portarà tota la vida. Crec que l’important és estar en aquest procés, viure en aquest gerundi, tenint, clar, consciència de gènere o, millor dit, de les diferències jeràrquiques que suposa el gènere. Ara bé, quan parlem d’un trànsit sembla que sempre hem de tenir com un lloc d’arribada i tal vegada sigui aquest el que no tinguem clar, o sí… Jo crec que l’objectiu hauria de ser superar el binomi masculinitat/feminitat. Per això jo no perseguesc un home nou, perseguesc acabar amb la masculinitat. En cas contrari, me pareix que correm el risc de continuar prorrogant privilegis, protagonisme i poder.

El feminisme està en la seva quarta ona, en quina ona estem els homes?

Jo crec que la majoria dels homes estem sobrepassats pel tsunami feminista, que ens ha deixat nu a la riba i enfrontats a les nostres pròpies misèries. Tant de bo aquest moment històric servís perquè d’una vegada per sempre ens sentíssim interpel·lats i comencéssim a qüestionar aquesta masculinitat tan nociva per a nosaltres mateixos i per a l’univers. I el resultat hauria de ser que aquesta quarta ona esborrés definitivament la masculinitat de la faç de la terra.

Octavio Salazar presentà el seu darrer llibre, “#Wetoo, Tu lucha, mi lucha. Brújula para jóvenes feministas” a la llibreria Lluna. | Pere Fullana

Creus que pot existir un Ibex-35 igualitari?

Són dos reptes diferents i progressius. M’explic. D’entrada, les dones tenen dret a estar en els mateixos llocs que estam nosaltres, i amb les mateixes condicions. Encara que aquests llocs ens semblin nocius o censurables. És el seu fonamental dret a exercir el poder igual que nosaltres, també l’econòmic.

Ara bé, el següent repte, que seria -per dir-ho d’alguna manera- un punt més avançat, seria construir un món sobre altres pressuposts que no fossin els del subjecte individualista, egoista, competitiu… És a dir, aquest “homo economicus” sobre el qual es fonamenta el patriarcat quant a estructura de poder i, per descomptat, el capitalisme en la seva versió més salvatge.

Els homes que treballau/treballam desmuntant velles masculinitats ho feim (o hauríem) inspirats pel feminisme. A vegades ens paguen per això. Podria estar ocorrent que ens paguessin més que a les feministes activistes?

Sens dubte, jo mateix sóc part d’aquesta tessitura certament complexa i en molts casos criticable. Com a homes, continuam tenint més prestigi i reconeixement, se’ns obren més portes, se’ns dóna més veu i espai. Jo sempre em debat en aquesta cruïlla. D’una banda, com a subjecte privilegiat hauria d’aprofitar aquests espais en els quals se’m veu i se’m valora per a ser crític i anar desmuntant el sistema. Per una altra, he de tenir molta de cura a no caure en els excessos que jo critic, i no és fàcil, perquè amb freqüència assumim un paper protagonista.

Com a homes, continuam tenint més prestigi i reconeixement, se’ns obren més portes, se’ns dóna més veu i espai

Quant al tema de pagar, jo tinc clares un parell de coses. Hi ha una part del meu treball que és pura, i dura, militància: no se m’ocorr exigir que em paguin quan faig xerrades en instituts, en associacions, en col·lectius ciutadans, ni quan algú em demana ajuda des de l’activisme o em deixa clar que no té recursos per a muntar una activitat. Cosa diferent és quan particip en alguna cosa en l’àmbit institucional, on crec que és important que es valori el treball, també científic i acadèmic, que es fa des del feminisme. En cas contrari, em sembla que reduïm de nou aquest treball a mer voluntarisme.

Un privilegi al qual hauríem de renunciar en aquest moment?

Crec que hauríem de renunciar a sentir-nos sempre els protagonistes. I em consta que és una tasca molt complicada perquè el món en general ens ho posa molt fàcil. Hauríem d’anar trencant aquests pactes dels quals parla Celia Amorós i que fonamenten el patriarcat. Seria una manera d’esquerdar aquests fonaments. No passar-nos el poder dels uns als altres, introduir esquerdes en les fratries… Convertir-nos en subjectes incòmodes en aquests espais de seguretat per a nosaltres. I al mateix temps continuar aprenent molt de les dones feministes. Reconèixer les nostres ignoràncies i, al mateix temps, l’autoritat d’elles.

Les matam (a les dones) perquè no reconeixem la seva subjectivitat ni la seva autonomia. Les matam, en fi, per la nostra pròpia incapacitat per a reconèixer que som éssers dependents i que la nostra llibertat és una ficció.

Per a acabar, per què els homes matam les dones?

Perquè continuem entenent que elles són éssers disponibles, intercanviables, a les quals usam per a satisfer les nostres necessitats, i a les quals per tant necessitam tenir sota control. Les matam perquè no reconeixem la seva subjectivitat ni la seva autonomia. Les matam, en fi, per la nostra pròpia incapacitat per a reconèixer que som éssers dependents i que la nostra llibertat és una ficció. Les matam perquè és l’única manera que tenim de demostrar que continuem sent homes de debò.

Aquest article va ser publicat en primer lloc a Aguait.

UN NOU CÒMIC FEMINISTA?

Luís Avellaneda, Homes Igualitaris

El proper mes d’octubre sortirà el nou àlbum d’Astérix, “La filla d’en Vercingentòrix”, que, pel que sembla, tindrà una temàtica juvenil feminista.

No és la primera vegada que el personatge gal té un àlbum amb una història d’aquest tipus. Recordem per exemple “La rosa i l’espasa”, on una druïdessa anomenada Magistra arriba al poble gal d’en Astérix per intentar substituir al Panoràmix -el mític druïda que coneix la fórmula de la poció màgica que dóna una força sobrehumana a tot aquell que la beu- i a l’Assegurançatòrix -el mestre bard del poblet-. No faré “espòilers” per si algú no el va llegir.

Doncs bé, sembla que aquest nou àlbum tindrà una temàtica on la dona, en aquest cas la filla del darrer cap gal derrotat pel César (que a més a més és un personatge que va existir realment) posarà els herois gals al dia pel que fa la qüestió feminista. Que ja va sent hora, que porten gairebé 40 àlbums i només dos (un d’ells encara no ha sortit) tenen una dona/noia com protagonista. És a dir, que no cal que l’Astérix la salvi de ningú.

Tinc les meves expectatives –com a home feminista amant dels còmicsmolt altes, ja que sembla que a Europa, amb tota la tradició de còmic (o BD, o TBO, o com vulgueu dir-ho) no n’hi ha gairebé cap on la dona sigui protagonista, excepte algunes excepcions, que ja he esmenat a dalt.

Ja va sent hora que els còmics reflecteixin la realitat i mostrin que les dones no només poden ser muses, sinó que poden mostrar-se com a veritables protagonistes de les seves vides.

MARICONADES

MARICONADES

 

Juanjo Compairé (Homes Igualitaris – AHIGE Catalunya).

ELS CODIS DEL COS MASCULÍ.

L’altre matí, estava jo fent aquagym (com sempre, pocs homes situats a un cantó de la piscina, voltats per moltes dones). La monitora ens feia fer un girament de malucs. Sento al meu costat una exclamació “Mariconades!!”.

En aquell moment em van venir al cop molts pensaments: veia al nostre “supermascle” Putin prohibint que els nedadors russos practiquin l’estil papallona, per considerar-lo “poc viril”. Veia els riures burletes que durant molt de temps acompanyaren els corredors de marxa atlètica, obligats a fer aquests mateixos moviments de cintura que al meu company de piscina li semblaven propis de “maricons”. Un amic meu, nascut amb peus plans i afectat d’escoliosi (una cama més llarga que l’altra), que camina sempre bellugant-se com una serp, ha hagut de suportar sovint els xiuxiuejos dels seus col·legues per “efeminat”.

Entenc que de petits ens feien jugar amb “madelmans”, de moviments rígids (si m’ho permeteu, a l’estil Rajoy, quan salta des de la balconada del carrer Génova de Madrid).  A quantes classes de “Educació física” al llarg de la nostra vida escolar ens han ensenyat a ballar, a dansar, a expressar-nos amb el cos? Ben poques, potser cap. Per què als Jocs Olímpics les disciplines de dansa i harmonia (o la natació sincronitzada, sense anar més lluny) són acaparades per dones? Els esports masculins –recordem-ho- sorgiren com  a preparació premilitar i, per tant, els moviments que demanen són generalment agressius.

El resultat és com si els homes estiguéssim obligats a caminar com si sempre portéssim una armadura o una cotilla que limita els nostres moviments. Com si els homes portéssim sempre un “policia de gènere” al costat, que ens estigués dient quins moviments podem fer i quins no.

Ara cada cop és més freqüent saludar-se entre homes amb un petó, però encara hi ha vigents unes normes molt estrictes pel que fa al contacte corporal entre homes. Estrènyer-se la mà (senyal que hom no va armat) o, com a màxim, fer-se unes abraçades que semblen més aviat voler enfonsar l’esquena de l’altre. El futbol, la gran escola dels codis masculins, ja ens ho ensenya: els contactes entre cossos d’homes només poden ser xocant. Tan sols és permès el cos a cos afectuós de forma ritualitzada (i molt breu) en la celebració d’un gol. Hi ha qui aprofita llavors per tocar el cul al company! Ai, el cul, la zona prohibida i negada dels nostres cossos!

 

LA POR A L’HOMOSEXUALITAT.

Si hi ha aquest codi corporal tan estricte és perquè la masculinitat, el viure com a homes i ser tractat en tant que tal a la nostra societat es defineix en negatiu: ser home és no ser dona i no ser homosexual. Els insults que posen en qüestió la virilitat ens ho diuen: “nena” i “marica/maricó”. I no ser ni una cosa ni l’altra és quelcom que hom ha de demostrar contínuament: en la pròpia conducta, en els propis moviments “no fos cas que els altres pensessin que…”. Aquest fantasma el tenim sempre al davant. I esdevé una por tan interioritzada que ens penetra per dins i ens obliga a moure’ns com a “madelmans”.


Les homofòbies són, doncs, manifestacions de la por i fins i tot a l’odi al home lliure que tenim dintre nostre


Les homofòbies són, doncs, manifestacions de la por i fins i tot a l’odi al home lliure que tenim dintre nostre. A l’home que es pot permetre fantasiejar o practicar emocions i expressions sexuals més enllà de la norma heterosexual. A l’home que potser té ganes d’acaronar un altre cos d’home (sense que necessàriament això tingui un rerefons sexual).

L’homofòbia té manifestacions molt més salvatges, és clar. Hi ha països on la més mínima manifestació homo és penalitzada amb la pena de mort o, si més no, de presó. A d’altres (com a la Rússia de Putin) l’homofòbia és institucionalitzada i considerada política d’Estat. I a d’altres les manifestacions gais són menystingudes o ridiculitzades. Sense anar més lluny, al nostre país, que es presenta com a capdavanter en la superació de l’homofòbia, que fou dels primers en legalitzar el matrimoni de persones del mateix sexe, el Diccionari de la Reial Acadèmia defineix “mariconada” com a 2. Mala pasadaacción malintencionada o indigna contra alguien”.  I hem vist darrerament bandes de brètols que es dediquen a “caçar maricons” pels carrers de les nostres ciutats, com a ritus de suposada afirmació viril.

CANVIAR LES RELACIONS ENTRE ELS HOMES ÉS REVOLUCIONARI.

 

Tenim un sistema social i de relacions basat en la desconfiança de l’altre. Un individualisme que Hobbes ja fa segles definia amb la màxima: “l’home és un llop per a l’home”. Els homes que governen el món (i algunes dones que s’hi ha apuntat i copien aquest model de relacions corregit i augmentat) practiquen aquest egocentrisme moral que no té en compte per res l’altre/l’altra. L’homofòbia és una manifestació també d’aquest individualisme ferotge que pretén anular la diferència i, per tant, la diversitat.

Aquesta homofòbia apresa ens penetra per dins (ja ho comentàvem abans) fins al moll dels nostres ossos. Alliberar-nos com a homes d’aquest encotillament, acostar-nos als altres, permetre’ns tocar, tenir cura d’altres cossos, d’altres subjectivitats és entrar en un sistema nou de relacions, radicalment diferent del que tenim actualment.


La superació de l’homofòbia no és només una fita dels gais. És un objectiu de tots els homes, independentment de la seva orientació sexual. I és un objectiu de tota la Humanitat


Per tot això, crec que la superació de l’homofòbia no és només una fita dels gais. És un objectiu de tots els homes, independentment de la seva orientació sexual. I és un objectiu de tota la Humanitat. Perquè necessitem canviar les relacions, perquè necessitem urgentment un nou ordre social, un nou ordre de relacions (recuperant en aquest sentit sabers que moltes dones han desenvolupat al llarg de segles). I també necessitem els homes descobrir que els nostres cossos poden ser nutricis, cuidadors, amorosos, ferms i vulnerables alhora. En resum, humans.

Els nens que estan mirant són els homes de demà

Fa uns mesos als Estats Units va aparèixer un anunci de la companyia de maquinetes d’afaitar Gillette. Un anunci dirigit als homes però molt diferent a d’altres als que ens tenia acostumats la companyia. Aquests eren missatges que ressaltaven que l’home que utilitzava els seus productes era un home d’èxit, amb poder i atractiu per les dones, fent un paral·lelisme entre el seu producte, que era el millor per a l’home, i situacions de triomf en els negocis, l’esport i amb les dones. Anuncis que vinculaven la marca amb la masculinitat hegemònica tradicional.

En aquesta ocasió, però, la nova campanya ha fet un gir copernicà. Sota l’eslògan “the best a man can get” (el millor que l’home pot aconseguir), ens invita a sortir dels mandats de gènere que porten molts homes a actuar amb violència contra altres homes, les dones i ells mateixos. Es posiciona, per tant, per un model de masculinitat alternatiu i igualitari. Independentment del rerefons comercial i els objectius de la companyia per eixamplar la seva quota de mercat, ens hem de felicitar per aquests missatges que mostren i demanden models diferents de masculinitat i trenquen amb la norma que impera en els mitjans que quasi únicament s’adhereixen a models de masculinitat vinculats al poder, la força, l’èxit i la competitivitat.

La sorpresa, tanmateix, ha estat la resposta davant d’aquesta nova masculinitat que reivindica l’anunci. Molts homes s’han sentit atacats i han engegat campanyes de boicot contra la companyia. En el fons, el que ha emergit és una reacció a l’avenç i visibilització de les reivindicacions del feminisme en el món. Homes que neguen la violència estructural contra les dones i la pròpia posició privilegiada en l’estructura social. Homes que pensen que el moviment feminista tracta d’imposar una ideologia de gènere per subordinar els homes. Tot plegat faria riure si no fos per la força i l’altaveu que comencen a tenir aquests discursos representats per alguns líders al món i per partits polítics que estan fent bandera d’aquesta causa.

Caldrà estar preparat per als nous temps amb què haurem de pugnar. Com diu l’anunci de Gillette, “els nens que estan mirant són els homes de demà.” Una frase que interpel·la i demana als homes una actitud activa en la denúncia de les desigualtats, l’homofòbia i la violència estructural contra les dones. El silenci ens en fa còmplices.

Per Paco Abril
Homes Igualitaris- AHIGE Catalunya

Publicat originàriament a la revista “A cel obert”
www.homesigualitaris.wordpress.com

Juanjo Compairé: El masclisme és un problema que els homes hem de denunciar

“Hem de canviar la societat, els valors, el funcionament de l’economia i el focus mediàtic que està posat sobre la part productiva”. Això va afirmar Juanjo Compairé, representant d’Homes Igualitaris al programa de Ràdio Acelobert del 12 de març. Homes Igualitaris és una associació catalana vinculada a la plataforma Asociación de Hombres por la Igualdad de Género sorgida a Màlaga fa 18 anys.

Des de l’associació es promou la lluita per la igualtat de gènere. Com explica Compairé tot citant a José Saramago, “la violència masclista és un problema dels homes que pateixen les dones”. Per això mateix, assegura que des de l’entitat es denuncia la violència masclista, però no per solidaritat o bonisme. El masclisme és un problema que els homes han de denunciar i treballar per erradicar.

Fent referència a la passada jornada de vaga del 8 de març, Compairé va incidir en la colaboració dels membres d’Homes Igualitaris en la cura de les criatures i persones grans o mitjançant l’ocupació en les labors de la llar. Així mateix, també va destacar la importància que els homes ocupéssin un paper secundari en una lluita que és de les dones.

A més a més, des de l’associació es duen a terme diverses activitats. Destaca, per exemple, la del pròxim 15 de març a La Casa del Llibre a la Rambla de Catalunya. En ella el professor de Dret Constitucional de la Universitat de Còrdoba, Octavio Salazar, presentarà WeToo, el seu nou llibre dirigit a nois i noies interessats en el feminisme.

Així mateix, el 19 de març se celebrarà a la Biblioteca de la Sagrada Família la taula rodona “Les paternitats responsables, una via per transformar els homes”. En ella participaran diverses entitats, entre les quals destaca Homes Igualitaris, i conversaran sobre la importància de ser pare. Segons Compairé: “volem fer visible que els homes també podem cuidar i que estem aprenent”.

En cas de violència de gènere, què passa amb les persones testimonis?

LA TESTIMONI

Quan s’analitza la violència de gènere sempre es posa el focus en tres eixos: els legisladors que fan les lleis, els tribunals que dicten sentència i el binomi víctima/botxí que pateix/executa la violència.
No dubto que són les tres potes principals per qualsevol treball que es vulgui fer en aquest sentit.

Però arran d’una experiència personal, m’he adonat que hi ha un quart element que passa totalment desapercebut i què té, o pot tenir, un paper important: les persones testimonis d’algun episodi de violència de gènere.

Quan he conegut el mal tràngol que va passar una coneguda després de ser testimoni de violència domèstica no he volgut deixar passar l’ocasió de reflexionar sobre el tema. No es tracta de teoria que he llegit en un llibre, no es tracta de una noticia del diari. Es tracta del meu voltant, del meu Baix Llobregat.

Rebo la trucada d’una coneguda, se li nota l’angoixa a la veu. Des de la finestra de casa seva ha vist com un veí colpejava la seva dona. Sap que no és la primera vegada. Tothom al bloc de pisos sap que no és el primer cop. Han sentit els crits, les amenaces i, potser, han pujat el volum de la seva tele. També l’han vista pel carrer amb grans ulleres de sol…

Aquell dia la meva coneguda ha decidit trucar als mossos. Potser és que ha vist allò que abans només escoltava o potser ha estat un rampell. Però ha trucat. La policia arriba i parlen amb ella, li repeteixen mil vegades si està segura d’allò que ha vist. Sí, sí que ho està, no té cap dubte: L’home ha donat un cop de puny a la seva dona i quan aquesta estava al terra encara li ha tornat a pegar… Ensenya des d’on ho ha vist i on ha estat l’agressió. S’ha de justificar, explicant què feia mirant el pis dels veïns.

Els mossos van al pis on s’ha produït l’agressió. Com no soc un narrador omniscient no sé que ha passat dins dels pis. Només que s’emporten l’agressor emmanillat i la seva dona a l’hospital. Veure sortir l’home escortat pels mossos fa reflexionar a la veïna. Només ella pot haver trucat a la policia, només ella pot haver vist què ha passat al pis del davant… Comença a ser conscient d’on s’està ficant.

Quan em truca han passat uns dies dels fets. Estava intranquil·la però avui ja està dels nervis. L’han citat del jutjat per declarar per l’agressió. Hi haurà un judici ràpid i ella ha d’anar com a testimoni. Els mossos amb els que ha parlat no la tranquil·litzen gaire. Si ella no hagués fet declaració el dia dels fets, el judici hauria anat per llarg i d’una altra manera. Com que hi ha una testimoni, el judici es fa als pocs dies. Al menys això ha entès ella…

M’ofereixo a acompanyar-la al jutjat. Em diu que no fa falta, que ja l’acompanya el seu marit.

Em quedo neguitós per la seva situació. No és una persona del meu cercle més directe, però m’imagino el mal tràngol que està passant. Espero el dia del judici i la truco per la tarda. M’explica. Li noto la ràbia a la veu. Escolto.

Ha arribat al jutjat, el que li toca per demarcació. S’ha identificat i l’han passat a una sala petita on ha d’esperar que la cridin per declarar. L’espera es fa llarga. De sobte s’obre la porta. Ja era hora… Però no, no venen a buscar-la.

Es queda blanca. Acaben de fer passar a la mateixa saleta a la veïna agredida, que ve acompanyada de la seva filla. Si tenien cap dubte de qui havia trucat a la policia el misteri ha quedat resolt. La filla assassina amb la mirada a la meva coneguda. No sé si exagera, però diu que poques vegades ha vist tant d’odi en algú. Abans que ningú reaccioni la víctima s’adreça i li prega, li suplica, plorant que sisplau no digui res. Que ell és un bon home que, a vegades, quan beu se li va la mà. Que porten tota la vida junts, que què farà ella sense ell… Res que no hàgim vist a les pel·lis. Però una cosa és veure-ho per la tele i una altra tenir a la dona plorant al teu costat mentre la filla et congela amb la mirada.

Torna a obrir-se la porta. A la meva coneguda li sembla que han passat segles. Però no és la salvació d’una situació incòmoda. Entra l’advocada d’ofici o potser és la fiscal. A aquesta alçades la meva amiga no està per a matisos jurídics. La nouvinguda comença a fer preguntes a la víctima. Preguntes personals, íntimes. Respostes que no hauria d’escoltar la testimoni però que escolta perquè segueix asseguda a mig metro de l’escena.

S’assabenta que l’home ja no viu al pis, que no està a la presó però que tampoc està al barri. Ella es pregunta si pot aparèixer per «agrair-li» la intervenció. Potser la víctima té una ordre d’allunyament, però i ella?

Finalment declara al judici i marxa. No vol saber res més. Ni tan sols vol saber com acaba el judici. Tant li fa. Només té clara una cosa. No tornarà a veure res més. No és assumpte seu el que passi dins d’altres pisos. No tornarà a caure dues vegades.

La meva pregunta desprès de la seva experiència és: no serà això el que volen…?

Jaume Muros, Homes Igualitaris (AHIGE Catalunya)