Un congreso con pasillos

(Artículo del 8/10/2011 publicado en la revista de Hombres Igualitarios)

Estoy seguro de que Francesca Bonnemaison estaría contenta hoy de que lo que ella hizo hace un siglo cuando decidió comprar este palacio para dedicarlo a la educación de las obreras haya dado este frutoDebió pensar que esta gran casa, llena de pasillos y recovecos, estaba hecha para eso, para “hacer pasillo”, para hacer tertulias y encuentros, formales e informales.

Hemos convocado un espacio que se nos ha hecho pequeño para encontrarnos: gente de aquí con la de más allá del océano y con personas de otros lugares; hombres con mujeres y demás colores; del mundo de la investigación con el del activismo y con la gente de la calle.

Hemos combinado la exposición formal en los paneles con las charlas de pasillo y en el patio y con las sensaciones corporales en los talleres. Creo que hemos hecho visible que hoy ya hay una masa crítica para el cambio social.  Me gustaría pensar que la unión del conocimiento con la acción y con el sentimiento ha hecho aflorar la conciencia.

 

Connell en la inauguración ya nos dio alas: en muchas partes del mundo está surgiendo esta nueva conciencia, manifestada en prácticas sociales y en saberes surgidos de la experiencia. Por todas partes aparecen maneras de relacionarse los sexos de forma respetuosa, igualitaria y, por supuesto, no-violenta. Con muchas resistencias, pero ahí están.

Hoy hemos sabido que tres mujeres han recibido el Premio Nobel de la Paz. Nos congratulamos de ello porque es un reconocimiento del poder civilizador de muchas mujeres. De ellas, una, Gbowee, como aquella Lisístrata de Aristófanes, ha sido capaz de crear un movimiento de mujeres en su país, que ha conseguido parar una sangrienta guerra civil y hacer caer una tiranía mortífera con algo tan poderoso como una huelga de sexo. Ello debería hacernos reflexionar sobre nuestra sexualidad masculina como algo que podemos vivir de forma placentera, pero que vivida de forma compulsiva y ligada al poder nos debilita y causa tanto sufrimiento al mundo: miremos, si no, a las víctimas de la explotación sexual. Pensemos también en las raíces de nuestra violencia como algo surgido de la impotencia. Connell nos explicaba de qué manera en un país asolado por la violencia como Camboya estaban surgiendo nuevas experiencias de colaboración para superarla. Cada vez más hombres nos damos cuenta de que las formas tradicionales de ejercer la masculinidad hacen daño al mundo y nos dañan también a nosotros mismos. Y nos ponemos en marcha para cambiarlas.
 
Frente a unos poderes (económico, militar, político) cada vez más obscenamente dominantes, en este desorden neoliberal que nos quieren imponer, este alborear de la nueva conciencia es una esperanza. Y en este surgimiento los hombres igualitarios debemos dejar oír nuestra voz, de la mano de las mujeres y de las criaturas. Para ello, el aún incipiente movimiento de hombres por la igualdad debe incardinarse con otros movimientos sociales.

La sociedad tiene un problema (o muchos) con los hombres. Aquí lo hemos estudiado y vivenciado de muchas maneras. El cambio de los hombres, la superación de nuestras resistencias, miedos e inseguridades, ha de ser una parte de esta transformación. No queremos ser protagonistas, queremos contribuir como una parte más. Porque querer llevar la voz cantante sería volver a otras formas de hegemonía masculina.

Los hombres por la igualdad de España estamos aprendiendo la lección y hemos conseguido poner las bases para trabajar juntos. Tenemos que aprender de las experiencias de los hombres latinoamericanos que nos llevan ventaja.  Y tenemos que aprender de las mujeres.

Pasará el tiempo y algunas cosas de las dichas en las ponencias se las llevará el viento. Quedarán, sin embargo, la experiencia de compartir, de aprender juntas y juntos, de intercambiar sin ganas de imponer. Quedará el entusiasmo de tantas voluntarias y tantos voluntarios, el esfuerzo de tanta gente venida de lejos. Y la declaración que acabamos de leer, que marcará una nueva etapa del movimiento de hombres por la igualdad. Seguro que Francesca Bonnemaison, en su tumba, estará satisfecha.

Como miembro de Homes Igualitaris y de AHIGE, me siento satisfecho por haber convocado este espacio. Pero el terreno estaba propicio, porque, si no, hubiera sido imposible que una organización tan pequeña como la nuestra lo hubiera podido llevar a buen puerto. Ha habido una conjunción de trayectorias personales y colectivas que lo han hecho posible: por parte de algunas instituciones, por parte de gran parte del movimiento feminista, por parte del resto del movimiento de hombres por la igualdad. Si el CIME 2011 ha sido un éxito, lo ha sido por la conjunción de todas y todos.
Y ahora, a trabajar. El próximo 21 de Octubre tenemos una cita en la calle contra la violencia machista. Y eso es solo el principio.

Y por cierto ¿quién se anima a convocar el siguiente CIME?

 

Juanjo Compairé

 

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