ANÁLISIS DE LA LEY 5/2008, DE 24 DE ABRIL, DEL DERECHO DE LAS MUJERES A ERRADICAR LA VIOLENCIA MACHISTA

En primer lugar, esta ley aprobada por el Pleno del Parlamento de Catalunya el 22 de abril de 2008 tiene como objetivo, tal y como se anuncia en el mismo preámbulo, establecer los mecanismos necesarios para contribuir a la erradicación de la violencia machista que sufren las mujeres y el reconocimiento y el avance en las garantías respecto del derecho básico de las mujeres a vivir sin ninguna manifestación de la violencia.
Una vez leída la ley y tenemos claro cuál es su hilo conductor o principal, se nos presentan distintos problemas y nos asaltan varias dudas que, punto por punto, voy a ir exponiendo de la forma más clara y concisa posible.
A saber:
1) Ya con una primera lectura de los objetivos básicos de esta ley, nos damos cuenta que está destinada, exclusivamente, a las mujeres que sufren violencia por parte de los hombres. Esta ley catalana pretende proteger el derecho de las mujeres a erradicar la violencia machista.
En primer lugar, es importante remarcar la necesidad de modificar el título de la Ley, por ende, todo su articulado para que también refleje otro tipo de víctimas que también se incluyen en la lista de violencia machista. Es decir, es de capital importancia el juntar o aglutinar al máximo de colectivos que pueden ser víctimas de esta lacra social y hacer más útil y práctica la presente legislación. Por tanto, no es un derecho de las mujeres sino un derecho de las personas, ya sean hombres, mujeres u otro tipo de personas.
Debemos tener claro que la violencia machista es uno de los efectos de la implantación por la fuerza de un modelo tradicional de masculinidad. Se agrede para seguir manteniendo un sistema donde el hombre es el protagonista indiscutible y todo lo demás se encuentra en un estado inferior.
La violencia machista no únicamente encuentra en las mujeres su víctima, sino que también lo encuentran aquellas personas que no siguen el mismo criterio o forma de vida o, simplemente, tienen gustos distintos. Éstos y cada una de las personas que no convergen con sus ideales deben ser, a su entender, rebajados, humillados, marginados y, en extremos, eliminados.
Pero, a mi entender, el machismo es un problema social que es inmensamente defendido por una parte de hombres, pero también hay mujeres que lo defienden y lo enseñan en sus casas. Éstas también están, por tanto, utilizando la violencia machista para implantar en las mentes de las personas que les rodea que aquello que creen es erróneo y que solo existe un único sistema que vale la pena.
Por tanto, y para acabar este primer punto, sería necesaria la modificación del título de la Ley por: “Ley sobre el derecho de las personas a erradicar la violencia de género” (entiendo que la palabra género tiene un ámbito de inclusión mayor que el de “machista” y más adecuado para poder incluir a todas las personas que pueden sufrir este tipo de violencia).
2) En segundo lugar, y con una visión más jurídica, es necesario recordar de la gran importancia que tiene en sentido jurídico el hecho de llamar a la ley de una manera u otra, ya que si el título es el que he propuesto, esto daría lugar a una mayor protección de todas las personas en su conjunto, es decir, que cualquier persona, ya sea hombre o mujer, podría acogerse sin problema alguno a esta ley en caso de sufrir violencia de género. Es decir, si mantenemos el nombre inicial (y el actual, vaya), solo defendemos jurídicamente, a aquellas personas que sean mujeres maltratadas por hombres, pero no más personas. Así, se deja de garantizar la protección a todos los hombres que sufren violencia doméstica o todas aquellas mujeres que la sufren pero a manos de otras mujeres. De esta manera, todo el articulado debería acoger esta concepción y, por tanto, modificar la manera en la que se expresa constantemente a lo largo de la Ley.
3) En tercer lugar, y ya entrando en el cuerpo del preámbulo, éste cita la definición de violencia machista de la siguiente manera:
“ Conductas de dominio, control y abuso de poder de los HOMBRES sobre las MUJERES”
Claramente, además de repetir con la misma visión que hemos tratado en el punto 2, también se incluye una idea muy simple pero que pasa bastante desapercibido a ojos del lector, y es que considera a todo hombre como un maltratador nato, es decir, que ya se inculpa a todo hombre de un delito por el simple hecho de ser hombre. Cuando se habla de un tema de violencia y más concretamente, violencia de género, se debe ir con mucho cuidado y con la definición clara, concisa y, por supuesto, ajustada al máximo sin pasarse a generalizaciones, ya que estamos hablando, ni más ni menos, de considerar a los hombres como los únicos sujetos culpables de toda la lacra que hoy en día corre por la sociedad. Es básico dejar claro que ni todos los hombres son delincuentes maltratadores ni todas las mujeres son débiles y víctimas. La victimización de la mujer de forma sistemática, a mi entender, hace un flaco favor a éstas, ya que las mantiene socialmente, en una posición y visión de debilidad perenne que no es real. Se debería, por tanto, evitar a toda costa las generalidades, ya que todas las personas son inocentes hasta que se demuestre lo contrario (máxima jurídica), por tanto, no es viable ni legal inculpar a todo un colectivo de algo que solo una parte realiza.
4) En cuarto lugar, y entrando ya en el articulado en cuestión, podemos observar ya en la disposición número 3 y 4 un pequeño diccionario sobre conceptos que serán utilizados en toda la normativa. Podemos, además, visualizar otra pequeña carencia en el art. 4 ya que nos habla de los tipos de violencia (física, psicológica, sexual y abusos sexuales, económica) pero no se habla de la violencia institucional, lacra de la cual, impera sin casi control en nuestra sociedad actual. Es habitual ver por televisión las grandes reuniones de los mandatarios de los distintos Estados del mundo. El 90% de estas personas son hombres (vestidos casi de la misma forma) y solo una minoría son mujeres (muy visibles ya que siempre visten colores vistosos). El error no es que no haya una equidad entre hombres y mujeres, sino, simplemente, que es muy posible que en su país nunca hubiera sido votada una mujer o hubiera sido candidata. Es decir, hoy en día es más fácil triunfar en el mundo laboral y político siendo un hombre que no una mujer (y ya no hablamos de si se forma parte de otro colectivo más discriminado).
5) En quinto lugar, es necesario hablar también sobre la violencia simbólica, ya que es aquella que nos acompaña (desgraciadamente) durante toda nuestra infancia y en donde la jerarquía machista impera por encima de todas las cosas. Cuentos, leyendas, relatos, etc. Todo ello está marcado por una fuerte presencia en la que el hombre es siempre el caballero que salva a la débil mujer. Aunque no lo parezca, el efecto que ello conlleva (algo que parece tan inocente) es devastador, ya que, nuestros hijos e hijas absorben el ideal machista en sus mentes y entienden que solo hay dos roles bien diferenciados: el de los niños y el de las niñas. Por tanto, es importante modificar lo más temprano posible, estas historias y esta infancia truncada por la imposición de una visión de la vida muy poco práctica, injusta y discriminatoria.
6) En sexto lugar, en la letra d) del mismo artículo 4 (sobre formas de violencia machista), nos encontramos con el concepto de “violencia económica”, pero, a mi entender, carece de alguno de los pilares fundamentales que también es importante tener en cuenta. La descripción que dicta la normativa define como violencia económica, aquella que consiste en la privación intencionada y no justificada de recursos para el bienestar físico o psicológico de una mujer y, si procede, de sus hijas o hijos, y la limitación en la disposición de los recursos propios o compartidos en el ámbito familiar o de pareja. Pero, ¿y aquella visión machista de la economía que domina nuestro sistema? El hecho que el trabajo realizado por una mujer es valorado (tanto moral como económicamente hablando) de forma muy inferior es, a mi entender, una violencia bien conocida por todos. Es una agresión en toda regla a la dignidad de las personas en base al principio de igualdad. Por tanto, sería interesante incluir esta acepción en esta definición para poderlo completar debidamente. Ni hablemos de inmensa dificultad para los transexuales a obtener un puesto de trabajo!
7) En séptimo lugar, sólo hacer una pequeña referencia al artículo 12, ya que se comenta la necesidad de realizar y fomentar la coeducación entre hombres y mujeres sobre la acción educadora. Lo que sí es importante puntualizar y, si es posible, modificar, es la palabra “indistintamente” que se incluye en la frase “la coeducación, a efectos de la presente ley, es la acción educadora que valora indistintamente la experiencia, las aptitudes y la aportación social y cultural de las mujeres y hombres…”. Es necesario, pues, no hacer una distinción entre hombres y mujeres al usar la palabra “indistintamente” y substituirla por “igual”. Por tanto, quedaría de tal manera que se interpretaría que no hay una distinción entre experiencias y aptitudes, sino que todas son iguales en valor y no importaría quien las presentara.
8) En octavo lugar, debemos incluir en este análisis, los artículos 7 y 19 de la Ley, atendiendo a que en estos preceptos se hace hincapié (en especial el 7) en la necesidad de realizar acciones para mejorar la situación de las mujeres, del fomento de una alternativa y de los compromisos que adoptan los poderes públicos de Catalunya, pero ningún apartado presenta como iniciativa, las distintas acciones que se pueden organizar con hombres, tales como la prevención o la sensibilización. Incluso en el apartado 5 del artículo 7, cuando se expone la iniciativa de dar una alternativa a aquellos mitos claramente vinculados a la masculinidad tradicional, no se nombra en ningún momento al “hombre” como posible receptor de este fomento alternativo.
9) En noveno y último lugar, es muy peculiar la redacción del artículo 70 de la Ley, ya que podemos ver como, por una parte, entre el primer punto y el segundo hay una gran contradicción y, por otra parte, en el segundo punto, se hace referencia a un colectivo pero de una manera un tanto errónea.
En primer lugar, el art. 70.1 reza: “Todas las medidas y el reconocimiento de derechos que esta ley señala deben respetar la diversidad transexual”. Y, en el segundo punto se inicia de esta manera: “las transexuales que sufren violencia machista…”. Es decir, se entiende en elanterior apartado que se respetan y, por tanto, se tiene en cuenta a todas las personas transexuales pero en su segundo punto sólo hace referencia a un tipo de transexuales. Clara contradicción.
Además, como es visible, al mencionar de esta manera tan concreta a “las transexuales” se interpreta que la intención del legislador era remarcar que sólo aquellas personas transexuales con aspecto femenino pueden acogerse a esta ley, pero aquellas personas transexuales que tengan cuerpo de hombre, no pueden.

En resumen:
Ésta Ley tiene, en sí mismo, un fin positivo y de gran valor social, con el objetivo principal de solucionar y reducir la presencia de un problema que, esperemos, vaya a menos. Si es cierto que es necesaria una normativa especializada en maltratos a mujeres, pero no solamente a ellas, sino que se debe hacer extensa a todas y cada una de las personas que tengan la desgracia de encontrarse con esa situación. Es decir, la violencia machista, como ya he comentado anteriormente, no es un problema de hombres que deben solucionar las mujeres y que solo sufren mujeres, sino que es un problema de toda la sociedad, que afecta a todos los y las ciudadanas de este país y no se debe, por el bien de las personas y el avance de la sociedad, excluir a nadie de la defensa de sus derechos más fundamentales. Por tanto, es necesario modificar la visión actual tan restrictiva por una que pueda incluir a un mayor número de víctimas. Debemos tener claro que la violencia de género puede ser (y es) una violencia bidireccional (es racismo el odio de una persona blanca a una negra por ser negra como también es racismo el odio de una persona negra a una blanca por el simple hecho de ser blanca) y, por tanto, debemos extender la aplicación de esta ley a un mayor número de supuestos de los mencionados actualmente.

Adnan Sabir Martinez
Homes Igualitaris

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