La educación de los chicos, a debate en Sant Jordi

(Esta nota corresponde al Diario de Ibiza)

Las oficinas municipales de Sant Jordi acogieron ayer la conferencia ´Chicos, ni violentos ni castrados. La educación de los adolescentes´, a cargo de juan José Compairé, impulsor y presidente de la asociación Homes Igualitaris de Catalunya. Compairé desarrolló el tema de la educación emocional y afectiva de los varones, proponiendo un nuevo modelo de masculinidad no basada en los estereotipos machistas. Además presentó el libro de material educativo ´Chicos y chicas en relación´, editado por Icaria.

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Grups d’agents actius d’igualtat als instituts

Fa dos anys a una reunió de la Plataforma Unitària contra les violències de gènere vam llençar la idea: a cada centre d’ensenyament calia crear grups de nois i noies que esdevinguessin agents actius d’igualtat i referents per als seus companys i companyes. El missatge de la igualtat ja no els arribaria, doncs, des de dalt, des del professorat més o menys conscienciat, sinó dels seus iguals.

Finalment, dintre del programa “trenquem mites” del VII Fòrum contra les violències de gènere, uns 60 nois i noies de diferents Instituts van participar en una trobada amb un grup d’adolescents de Viena, dintre del programa “Waves”. Per sobre de les barreres d’idioma, hi havia una experiència comuna: a tot arreu hi ha abusos, violències sobre les noies.

Es van formar grups de debat i cada grup triava una història violenta de gent propera de què haguessin estat testimonis. Em van esgarrifar les històries que van sortir i que pensava que ja estaven superades: noies a qui el xicot menystenia tot el temps, gelosies arribades a l’extrem, intents d’aillar i d’anular la vida social de la pròpia nòvia, rampells de violència al més mínim indici de separació,…

El grup austríac va presentar un video molt clar d’històries quotidianes. I també un grup de noies i un noi van presentar un video amb un missatge clar. Eren un bon material per fer pensar i iniciar el debat.

Hi havia una consciència compartida que calia actuar per detectar des del començament els abusos; que calia tenir informació de què fer en casos semblants d’amistats que pateixen violència i que calien campanyes de sensibilització. Campanyes que en un futur potser aquets grups contribuiran a dissenyar i tirar endavant.

Al final es va anar omplint un llistat de voluntari*s per formar part dels grups actius d’igualtat. L’embrió d’alguna cosa nova s’està formant. D’ara endavant els i les joves diran la seva també en aquest tema que elles també pateixen. Animem els grups a tirar endavant! A la mesura de les nostres forces nosaltres també hi col·laborarem en aquest projecte.

Juanjo Compairé

Homes Igualitaris: una diferencia que no es “esencia”

                       Uno de los debates de interés que se han abierto en el seno de Homes-Igualitaris es el de las relaciones con las mujeres  implicadas en la investigación, la vida asociativa, los talleres colectivos pedagógicos y preventivos, las  políticas  por la igualdad, la coeducación o la lucha contra la violencia de género.  Intercambio que ha tenido por núcleo duro su  hipotética participación e inclusión como miembros activos en la estructura de Homes Igualitaris.

                    En todas estas cuestiones se entremezclan variables intelectuales, políticas y estratégicas, percibiéndose  en medio de todo ello  dos corrientes de desigual fuerza e influencia. Por un lado, la que considera que, tanto desde un punto de vista académico y teórico, como político y estratégico, Homes Igualitaris, asociaciones de mujeres e investigadoras feministas  deben de ir de la mano. Incluso redefinir la identidad de Homes Igualitaris, cambiando su denominación y estatus y abrir la puerta a la plena integración de hombre y mujeres en un mismo espacio formal y organizativo. Por el otro, entre los que se incluye este servidor, estamos quienes apostamos por formulas alternativas que, sin renunciar a la colaboración y a las estrategias de coalición con las asociaciones de mujeres o tender puentes académico e intelectuales con las teóricas feministas en todos aquellos temas que no son comunes ( las políticas de igualdad, la lucha contra la violencia machista o el desgénero), defendemos la especificidad y singularidad de Homes Igualitaris y de las propias problemáticas políticas, intelectuales, teóricas y académicas que circunscriben la cuestión de las Nuevas Masculinidades.

                       Dejaré el farragoso debate teórico para una mejor ocasión, aunque aclare, a título de inciso, de que es necesario mantener la autonomía académica de la cuestión de las Nuevas Masculinidades. Esto tanto frente a los Gays and Lesbians Studies como a la teoría feminista y posfeminista adscrita a las corrientes queer. De la misma manera que la categoría “ género” debe ser leída y usada como paradigma analítico, no forzosamente frente a la óptica tradicionalmente brindada por los Genders Studies ( que reducen la cuestión del género a las mujeres) pero sí de forma alternativa y complementaria con ella. Como no los ha recordado Oscar Guasch, el género también es una cuestión que afecta a la perspectiva de los hombres. Las “comisiones de recerca” (ámbito en el que yo me inscribo) debería guiarse por dicho principio.  

                                

 

                                                          El otro ámbito, es decir, el de la identidad y estructura política y organizativa de Homes Igualitaris es el que desde luego más interés ha suscitado. Particularmente me mantengo en la misma línea argumentativa esgrimida respecto a las cuestiones académica e intelectuales. En efecto,  la singularidad y lo que en gran medida ha llamado la atención de la opinión pública ( sino de toda al menos de su corriente más ilustrada y políticamente avanzada) es el hecho de que naciese una “asociación de hombres” y animada por “hombres”, pero a partir de unas problemáticas, valores culturales y reivindicaciones que no figuraban en el imaginario colectivo como “propias” de “ los hombres”. Se ha tratado, en efecto, de una asociación que ha sabido romper moldes respecto a lo que ha sido el universo simbólico del asociacionismo masculino. Es evidente que hay asociaciones de empresarios y profesionales, de clubs deportivos, de coleccionistas de coches de lujo, de federaciones de Karate o de boxeo, de policías, de vigilantes de seguridad y “peñas” de lo más variopintas. Todas ellas movidas más o menos y con los debidos matices entre unas y otras, por valores adscritos de lejos o de cerca a las representaciones culturales de la masculinidad hegemónica : poder económico, competitividad, prestigio y estatuto social, fuerza física y virilidad. Lo insólito y evidentemente, lo novedoso, es que haya surgido una asociación de hombres comprometida en un tema en el que en principio los varones no se han sentido implicados a causa de una presunción social sobre superioridades, inferioridades y diferencias. Es decir la lucha por la igualdad de género.

El diferendo de Homes Igualitaris no es sólo frente a este tradicional asociacionismo masculino culturalmente “conservador”. También frente a otros movimientos, como por ejemplo el movimiento gay. Este último puso muy en cuestión las representaciones hegemónicas de la masculinidad, bien parodiándolas y haciendo burla de ellas, bien defendiendo directamente la cultura camp y las políticas de desgénero, sobre todo bajo la influencia de las comunidades y las teorías queer de los recientes años 90. Sin embargo,  es la primera vez que un movimiento constituido por miembros mayoritariamente  “heteros” o al menos desvinculados del movimiento LGTB, hace una apuesta clara y contundente a favor de la crítica y revisión cultural de la masculinidad hegemónica.

A ese respecto y casi concluyendo, mi oposición a la mixticidad de Homes-Igualitaris no es equivalente a la que pueda interponer  un club masculino de boxeo o un bar leather en los ambientes lúdicos gays. No son las presencias físicas, sino las especificidades discursivas las que cuentan. Los movimientos a favor del aborto se realizaron con el apoyo de muchos hombres “progresistas”, pero el debate sobre la maternidad o la anticoncepción ( que afectaban a  cuerpos, roles y sistemas simbólicos  muy concretos) lo fue entre mujeres. El ejemplo es extensivo a los propios hombres. El debate sobre la violencia, por poner como ejemplo el gran tema estrella,  afecta a hombres y mujeres, pero al ser una práctica mayoritariamente adscrita a los primeros y a toda una serie de valores culturales relacionados con la masculinidad hegemónica, no cabe duda que es también una problemática que debe ser debatida entre los propios varones. Aquí la cuestión no está en convencer a las mujeres de nuestra causa, ni  tampoco a otros grupos implicados en la lucha por los derechos civiles , sino en  convencer a otros hombres que se han desvinculado política y culturalmente de la lucha contra las discriminaciones.  Por lo tanto, no se trata de defender una “ esencia” varonil que prohibiría la entrada a las mujeres por ser sus cuerpos y psique diferentes, sino en seguir luchando por la diversidad y la “diferencia” entre los hombres. Más allá de los puentes tendidos con las asociaciones de mujeres, el reto sigue siendo el de la autoreflexión de los propios hombres y el de quebrantar en lo cultural una masculinidad hegemónica que está en el origen, no sólo de la violencia de los hombres contra las mujeres, sino de la violencia entre los propios hombres. 

Laurentino Vélez-Pelligrini             

Juntos/as crearon un campo de energía. Valoración del CIME 2011

El pasado 7-8 de octubre se celebró en la ciudad de Barcelona el Congreso Iberoamericano de Masculinidades y Equidad: Investigación y Activismo.

En el título del congreso se resumen los principales objetivos a conseguir: un puente para compartir experiencias y establecer lazos de cooperación entre investigadoras/es, activistas, entidades de la Península Ibérica y Latinoamérica; un enfoque diverso y plural de las masculinidades y la equidad.
Esta idea se fue gestando con la seguridad que tras años de crecimiento en España de la investigación y de las entidades que trabajan las masculinidades con perspectiva de género, la incertidumbre de la crisis económica y la globalización neoliberal, era el momento adecuado para plantear un evento de este tipo.

Si tuviera que describir en una palabra el proceso del CIME 2011, ésta sería “fluidez”. Desde los primeros contactos con Rawelyn Connell, los compañeros de Homes Igualitaris y los de Ahige, personas clave del movimiento de hombres por la igualdad en España, la búsqueda de recursos, etc. Todo se fue desarrollado con enorme fluidez. El proyecto generó, desde el principio, entusiasmo y adhesiones. Nos movía la idea, que Connell expresó magníficamente en el final de su conferencia: “ La equidad, la justicia social, la mejora de la vida de hombres y mujeres, es un bien colectivo para una sociedad inclusiva, sostenible…”.

 

Otra de las conquistas de este congreso ha sido que el emergente “movimientillo”  de hombres por la igualdad en España consiguiera articularse y empezar a trabajar conjuntamente. En este sentido, una de las cosas que quedará de este congreso es el proceso participativo y abierto de elaboración de la Declaración de Barcelona. Un documento de consenso que establece unas bases de acción de los hombres por la igualdad.

Otro aspecto que me gustaría destacar es la voluntad que siempre se ha tenido porque éste fuera un congreso abierto, transparente e inclusivo. La diversidad de las personas que participaron, las temáticas, enfoques, metodologías, tanto en la investigación, políticas y acción y el trabajo personal han estado presentes en el CIME 2011. Se ha hecho un esfuerzo importante por poner a disposición pública los materiales de los paneles y los vídeos que pudieron registrarse. En la web del congreso pueden consultarse y descargarse los materiales presentados y debatidos. Estamos trabajando en la ampliación de los contenidos: conclusiones, resultados de la encuesta, ingresos y gastos, etc.

En mis palabras de bienvenida a las/os participantes del CIME 2011, dije que este congreso es y será lo que las personas presentes hagan de él. Nosotros hemos construido un espacio que debe llenarse. Pues bien, el CIME 2011 se llenó de alegría, ganas de transformar, debates y encuentros. Yo, almenos,  fui feliz al comprobar que aquella idea,  de hace un año, por fin tomaba forma y andaba sola y se movía con gracia.

Muchas gracias a todas/os, sin vosotros/as esto no hubiera sido posible. Continúa moviéndote.

Un congreso con pasillos

(Artículo del 8/10/2011 publicado en la revista de Hombres Igualitarios)

Estoy seguro de que Francesca Bonnemaison estaría contenta hoy de que lo que ella hizo hace un siglo cuando decidió comprar este palacio para dedicarlo a la educación de las obreras haya dado este frutoDebió pensar que esta gran casa, llena de pasillos y recovecos, estaba hecha para eso, para “hacer pasillo”, para hacer tertulias y encuentros, formales e informales.

Hemos convocado un espacio que se nos ha hecho pequeño para encontrarnos: gente de aquí con la de más allá del océano y con personas de otros lugares; hombres con mujeres y demás colores; del mundo de la investigación con el del activismo y con la gente de la calle.

Hemos combinado la exposición formal en los paneles con las charlas de pasillo y en el patio y con las sensaciones corporales en los talleres. Creo que hemos hecho visible que hoy ya hay una masa crítica para el cambio social.  Me gustaría pensar que la unión del conocimiento con la acción y con el sentimiento ha hecho aflorar la conciencia.

 

Connell en la inauguración ya nos dio alas: en muchas partes del mundo está surgiendo esta nueva conciencia, manifestada en prácticas sociales y en saberes surgidos de la experiencia. Por todas partes aparecen maneras de relacionarse los sexos de forma respetuosa, igualitaria y, por supuesto, no-violenta. Con muchas resistencias, pero ahí están.

Hoy hemos sabido que tres mujeres han recibido el Premio Nobel de la Paz. Nos congratulamos de ello porque es un reconocimiento del poder civilizador de muchas mujeres. De ellas, una, Gbowee, como aquella Lisístrata de Aristófanes, ha sido capaz de crear un movimiento de mujeres en su país, que ha conseguido parar una sangrienta guerra civil y hacer caer una tiranía mortífera con algo tan poderoso como una huelga de sexo. Ello debería hacernos reflexionar sobre nuestra sexualidad masculina como algo que podemos vivir de forma placentera, pero que vivida de forma compulsiva y ligada al poder nos debilita y causa tanto sufrimiento al mundo: miremos, si no, a las víctimas de la explotación sexual. Pensemos también en las raíces de nuestra violencia como algo surgido de la impotencia. Connell nos explicaba de qué manera en un país asolado por la violencia como Camboya estaban surgiendo nuevas experiencias de colaboración para superarla. Cada vez más hombres nos damos cuenta de que las formas tradicionales de ejercer la masculinidad hacen daño al mundo y nos dañan también a nosotros mismos. Y nos ponemos en marcha para cambiarlas.
 
Frente a unos poderes (económico, militar, político) cada vez más obscenamente dominantes, en este desorden neoliberal que nos quieren imponer, este alborear de la nueva conciencia es una esperanza. Y en este surgimiento los hombres igualitarios debemos dejar oír nuestra voz, de la mano de las mujeres y de las criaturas. Para ello, el aún incipiente movimiento de hombres por la igualdad debe incardinarse con otros movimientos sociales.

La sociedad tiene un problema (o muchos) con los hombres. Aquí lo hemos estudiado y vivenciado de muchas maneras. El cambio de los hombres, la superación de nuestras resistencias, miedos e inseguridades, ha de ser una parte de esta transformación. No queremos ser protagonistas, queremos contribuir como una parte más. Porque querer llevar la voz cantante sería volver a otras formas de hegemonía masculina.

Los hombres por la igualdad de España estamos aprendiendo la lección y hemos conseguido poner las bases para trabajar juntos. Tenemos que aprender de las experiencias de los hombres latinoamericanos que nos llevan ventaja.  Y tenemos que aprender de las mujeres.

Pasará el tiempo y algunas cosas de las dichas en las ponencias se las llevará el viento. Quedarán, sin embargo, la experiencia de compartir, de aprender juntas y juntos, de intercambiar sin ganas de imponer. Quedará el entusiasmo de tantas voluntarias y tantos voluntarios, el esfuerzo de tanta gente venida de lejos. Y la declaración que acabamos de leer, que marcará una nueva etapa del movimiento de hombres por la igualdad. Seguro que Francesca Bonnemaison, en su tumba, estará satisfecha.

Como miembro de Homes Igualitaris y de AHIGE, me siento satisfecho por haber convocado este espacio. Pero el terreno estaba propicio, porque, si no, hubiera sido imposible que una organización tan pequeña como la nuestra lo hubiera podido llevar a buen puerto. Ha habido una conjunción de trayectorias personales y colectivas que lo han hecho posible: por parte de algunas instituciones, por parte de gran parte del movimiento feminista, por parte del resto del movimiento de hombres por la igualdad. Si el CIME 2011 ha sido un éxito, lo ha sido por la conjunción de todas y todos.
Y ahora, a trabajar. El próximo 21 de Octubre tenemos una cita en la calle contra la violencia machista. Y eso es solo el principio.

Y por cierto ¿quién se anima a convocar el siguiente CIME?

 

Juanjo Compairé

 

DUROS DE PELAR: De por qué los hombres se quejan menos pero padecen más

En la sección “La contra”, en la contraportada del diario La Vanguardia del miércoles 1 de diciembre de 2010, el periodista Lluís Amiguet, entrevistó a la Sra. Jenny Firth-Cozens, psicóloga especialista en profesionales de la sanidad que ha dedicado gran parte de su carrera profesional a la investigación sobre “cómo se cura a los médicos”. Sí, sí, a esas y esos que nos curan a nosotros.

Y es que, aunque nos parezca increíble, que una persona haya estudiado la carrera de Medicina o la de Psicología no le otorga, a parte de ese título universitario tan merecido, una especie de antivirus que le evite caer en las patologías y sufrir los males que sus propios pacientes sufren. De hecho, contaba la Sra. Firth-Cothens que en Gran Bretaña (lugar a donde ella pertenece) el colectivo de la sanidad es el que sufre más estrés. Y fíjense qué casualidad: ¿Saben qué especialidad médica es la más estresada? Ni más ni menos que las/los psiquiatras, según la psicóloga británica, quien expresaba además que en un 30% del personal sanitario (incluyendo enfermer@s) se observan síntomas de estrés preocupante, y que en la mitad de este número de personal se requiere una atención especializada. De hecho, esto no debe parecernos extraño o exagerado, teniendo en cuenta que la Organización Mundial de la Salud declara que del 30% al 40% de bajas laborales están relacionadas a desequilibrios mentales y emocionales.

Pero el estrés laboral, según reflejan los números, no solamente afecta a l@s profesionales de la medicina (aunque sí son uno de los colectivos más afectados), sino que aborda cualquier ámbito profesional, social, sexual, y de género, siendo así que estadísticas del año 2006 publicadas por el Instituto Nacional de Estadística (estadísticas más recientes respecto de este tema) reflejaban que, de una escala del 0 al 7 (donde el 7 es el mayor estrés laboral), en los varones de 16 y más años existía una media de estrés laboral de un 4’17 , y en las mujeres, una media de un 4’18. Por tanto, puede decirse que en el 2006 se concluyó que las mujeres sufrían más estrés laboral que los hombres. Además, la franja de edad con estrés más alto, para la mujer, se sitúa entre los 25 y los 34 años, lo que podría traducirse en:

–          La posible dificultad de la mujer para conseguir un puesto de trabajo y un salario acorde con sus capacidades y aptitudes.

–          La posible dificultad de la mujer para compaginar el trabajo del hogar, el embarazo, o el cuidado de hijos/as, con el trabajo laboral.

–          La posible dificultad de la mujer para escalar profesionalmente de forma igual a la que el hombre lo hace.

No obstante, estos tres puntos son deducciones sin ánimo de sentar conclusión alguna. Lo que no podemos ignorar, de todas formas, es que las estadísticas nos muestran unos números, y los números dicen que las mujeres sufren más estrés laboral que los hombres. ¿Y qué dicen las estadísticas y los números sobre la salud en general?

Pues bien, la llamada Encuesta Europea de Salud en España del 2009 nos muestra los siguientes datos relevantes:

–          El 75’8% de los hombres de 16 y más años declara tener un buen estado de salud, frente al 66’1% de las mujeres. Por tanto, podría decirse que, o el hombre goza de mejor salud, o es más positivo, o altera parcialmente su respuesta.

–          De una escala del 0 al 100 donde el 100 es la mejor situación, la consideración que tienen los hombres sobre su salud mental es de un 72’21, mientras que la de la mujer es de un 63’74.  Por tanto, según los datos podríamos decir que, o el hombre goza de mejor salud mental que la mujer, o es más positivo en este aspecto, o altera parcialmente la respuesta.

–          En el tiempo de la realización de las encuestas, un 33’7% de las mujeres había acudido en las últimas cuatro semanas al médico de familia, y un 14’4% había acudido a un especialista, frente a un 23’2% y un 9’2% de los hombres, respectivamente. Ello puede significar que: como las mujeres tienen peor salud deben acudir más a menudo al servicio sanitario, o que, en el caso de que los hombres sean más positivos sobre su salud o alteren parcialmente la realidad, éstos no asistan al servicio sanitario porque consideran o quieren creer que no lo necesitan.

–          Los hombres hacen más ejercicio intenso que las mujeres (34’4% frente al 15’7%), mientras que las mujeres hacen más ejercicio moderado (42’7% frente 26%).

–          El 74’8% de las mujeres consumen una o dos veces al día frutas y verduras, frente al 66’3% de los hombres.

–          El 31% de los hombres fuma diariamente, frente al 21% de las mujeres.

Con todos estos datos, los hombres podríamos estar, aunque fuere, parcialmente satisfechos: fumamos más y no comemos tanta fruta o verdura, pero hacemos más ejercicio; y no asistimos tanto a nuestro/a médico/a, pero tampoco lo necesitamos, porque nos sentimos bien físicamente y mentalmente. ¿Y por qué? Pues porque sencillamente, además de sufrir menos estrés laboral, estamos más sanos mental y físicamente.

Pero, ¿qué hay de verdad en todo esto? ¿Debemos creer que realmente los hombres tienen menos problemas de salud física y mental que las mujeres? Frente a estas estadísticas debemos observar otras que podrían entrar en conflicto con las primeras:

El Instituto Nacional de Estadística, que muestra datos seguros hasta el 2007 respecto a lo siguiente, refleja que mueren más hombres que mujeres cada año. Solo la gripe, enfermedades de la piel o consecuencias derivadas del embarazo tienen mayor porcentaje sobre mujeres que sobre hombres. Así, los hombres somos mayores víctimas de casi todos los tipos de de situaciones que ponen en riesgo nuestras vidas. Mueren más hombres, a modo de ejemplo,  por enfermedades infecciosas o parasitarias; por VIH; por tumores; por diabetes; por trastornos mentales; por hallazgos anormales clínicos y de laboratorio; por accidentes de transporte (14’0 respecto a los hombres y 3’4 respecto a mujeres); por suicidio y lesiones autoinfligidas (9’6% respecto a los hombres frente a un 3% respecto a las mujeres); e incluso por homicidio (0’9 respecto a los hombres frente a un 0’5 respecto a las mujeres); etc.

Por lo tanto, si nos basamos en estadísticas que, por tener en cuenta la defunción, se realizan post-mortem y por tanto ello comporta que los números sean objetivamente más fiables que los deducidos de encuestas personales, podemos observar sin muchas más complejidades que los hombres tenemos un problema: o no consideramos la salud algo tan importante como lo harían las mujeres (y de ahí que seamos más optimistas o más “dejados” en este aspecto), o resulta que morimos más porque nos surgen, para nuestra desgracia, todo tipo de enfermedades espontáneas. Parece lógico que el problema no sea lo segundo, ¿verdad?

No son novedosas las investigaciones sobre la salud de los hombres, aunque tampoco brillan por su extensión en tiempos pasados. Sin embargo, ello no ha sido nunca óbice para que la mayoría de estudios sobre el hombre y la salud demuestren y coincidan en que, tal y como establece Courtneay  (2000), las probabilidades de adquirir malos hábitos de salud son mayores en los hombres que comparten las creencias tradicionales sobre la hombría, al igual que son mayores los riesgos de padecer depresión y fatiga nerviosa (Eisler y Blalock, 1991).

Y la cuestión es: ¿Qué tiene aquí que ver la estructura social de género? Dicha pregunta se contestaría con un “mucho”, pero me explicaré mejor, aunque a grandes rasgos:

–          Resulta que cuando un niño o una niña nace, se le da como primera adquisición un rol de género que su entorno más cercano cumplirá hasta que el niño o niña crezca y pueda cumplir con él por sí mismo. No importa que la niña quiera un coche de carreras para Reyes, o que el niño quiera apuntarse a danza clásica. No importará que la niña se sienta atraída por otra niña, o que el niño haga dibujitos de corazones con el nombre de otro niño dentro. Tampoco importará que la niña tenga rasgos duros, o que el niño tenga rasgos sensibles. No importará porque la niña se verá abocada a representar un papel dentro de una estructura social básicamente heterosexista, donde se le enseñará a ser cuidadosa, sensible, cariñosa y dependiente (la que no cumpla con estos rasgos será una chica “menos femenina”). En cambio el niño se verá abocado dentro de la misma estructura social, a hacer lo posible por convertirse en un “todo un hombre” con los rasgos más heterosexuales posibles (aunque no lo sea). Deberá llegar a ser el hombre culto, de profesionalidad públicamente reconocida, y productivo. Todo un padre de familia (porque aunque de joven será un vividor que tendrá que estar con el mayor número de mujeres posible, acabará por tener una familia a la que sustentar, por supuesto) por encima de todo y tod@s l@s demás. Y eso implica, por tanto, no decaer, verse fuerte aun sin estarlo, no necesitar ayuda.

–           El primer punto parecerá un sinsentido para quien por primera vez lea algo así, pero no lo es en absoluto. La salud es un término que se asocia a cuestiones biológicas o naturales, pero para tratar la salud de hombres y mujeres debemos atender al mundo en que vivimos y a otro término que también se asocia a cuestiones naturales de forma errónea: el género. Exactamente, vivimos en una sociedad que se entiende dividida por razones de género en machos y hembras heterosexuales (cuando en realidad solo nacemos machos y/o hembras, o ambas cosas como el caso de la ambigüedad genital) y en la que cada uno tiene adjudicadas unas características que parecen venir por naturaleza, pero que no es así en absoluto. Y no es así porque al fin y al cabo, y aunque biológicamente unas personas sean más propensas a la enfermedad que otras, antes de ser machos o hembras, hombres o mujeres, somos seres humanos vulnerables a la enfermedad. Todas y todos enfermamos y padecemos.

–          Así, podríamos darles la vuelta a las primeras estadísticas que he nombrado, y no decir que los hombres tienen mejor salud, sino que es probable que incluso inconscientemente (por ese rol inculcado desde pequeños como algo natural) escondan cierta información sobre su salud o que directamente se abstengan de hablar de ella. Y es que no puede entenderse de otra forma, como hemos comentado, que si los hombres tenemos mejor salud que las mujeres, muramos más por CASI TODO tipo de causas.

Entonces, ¿qué nos pasa realmente a los hombres? Esa es la pregunta que muchas investigaciones se han hecho a lo largo de los veinte últimos años. En 1994, un estudio estadounidense (lugar cuna de dichas investigaciones) llamado Morbidity and Mortality Weekley Report constataba que los esfuerzos de los jóvenes para parecer fuertes solían llevarlos a ignorar las normas de seguridad en el trabajo y en la conducción, porque esa era (y es) la forma de demostrar su hombría. Courtney (2000), por su parte, decía que los hombres utilizan los comportamientos menos saludables para definir su virilidad (incluso los deportes masculinos glorifican el sacrificio y el dolor para conseguir ser el mejor), y que el hombre, para actuar de acuerdo con su género, no debe preocuparse por su salud: simplemente debe verse fuerte, valiente e independiente. De hecho, un joven participa en peleas, tumultos o empieza consumiendo alcohol o drogas para que no le llamen “marica”, y un hombre evita que un dolor sea percibido por los demás, o evita coger una baja laboral para no ser catalogado como un blandengue, un pupas, un pánfilo o un vago. Por lo tanto, lo que podríamos decir que nos pasa a los hombres es que sabemos, pero ignoramos. Sabemos que podemos sufrir dolor, encontrarnos mal, sentirnos tristes o con síntomas depresivos. Pero ignoramos un tipo de resquicio por el que poder expresar todo aquello sin ser prejuzgados o juzgados y creemos que confesar nuestro dolor nos hará caer en la debilidad y la cobardía, cuando la cobardía se demuestra no reconociendo que nosotros también somos seres débiles. Sabemos que en realidad el ser hombres no nos da más salud. Pero le damos la menor importancia, porque pensamos que ignorándolo nosotros, l@s demás no se darán cuenta. Y es por eso que, mientras una gran parte de las mujeres acude más al médico, hace mejor dieta, toma menos conductas de riesgo y realiza actividades de prevención, las estadísticas demuestran que una gran parte de los hombres solo va al médico cuando hay un síntoma de enfermedad agudizado, hace dieta cuando le aparece algún problema o tiene sobrepeso, deja de llevar a cabo conductas de riesgo cuando ya ha vivido una experiencia negativa (desde dejar de fumar por padecer un infarto hasta evitar correr con el coche después de una severa multa de tráfico) y toma medidas de prevención cuando, de la misma forma, ya ha pasado por una situación delicada (aunque entonces deberíamos poner en duda si esas medidas son o no de prevención, dado que se producen ex post).

Por tanto, creo que el hecho de que unos hombres marquen en unas encuestas que se encuentran muy bien de salud, y que luego de esas encuestas nazcan estadísticas que reflejen que los hombres tenemos más salud que las mujeres, no es más que un fallo de base en el que se ve, como siempre, involucrado un problema de género. Los hombres sentimos, pero no estamos educados para expresar lo que sentimos (exceptuando la fuerza, la rabia, la competitividad). Solo hay que fijarse en los anuncios de juguetes que ahora, en la campaña navideña, podemos ver por televisión. ¿Qué juguetes se venden para niñas y qué juguetes se venden para niños? ¿Qué melodías de fondo aparecen en anuncios para niños y anuncios para niñas? ¿Cómo se muestran en los anuncios los niños actores y cómo las niñas actrices? ¿Qué mensajes lanza el narrador para los niños, y qué mensajes lanza para las niñas?

Es lógico, concluyendo, que luego siempre nos creamos más fuertes en todo, cuando la realidad se aleja bastante del modelo de hombre que, de manera inconsciente y en general, todos intentamos mostrar: sencillamente otro superman de turno.

J.L.Pérez

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Referencias:

http://www.lavanguardia.es/

Instituto Nacional de Estadística:

http://www.ine.es/buscar/searchResults.do?searchString=estr%E9s+laboral&searchType=DEF_SEARCH&startat=0&L=0

http://www.ine.es/jaxi/menu.do?type=pcaxis&path=/t15/p420&file=inebase&L=0

http://www.ine.es/jaxi/menu.do?type=pcaxis&path=/t15/p420/a2009/p01&file=pcaxis&L=0

Salud y género:

http://webs.uvigo.es/pmayobre/indicedearticulos.htm

AHIGE: Los hombres y la salud.

Don Sabo: Comprender la salud de los hombres. Un enfoque relacional y sensible al género

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Primera imagen: Estrés, de Iván Mayorga.

Segunda imagen: Fuma 2 res, de Carlos Delgadillo.

Tercera imagen: Tres muñecos, de Adela Abós.

Cuarta imagen: El tiempo pasa, de Jesús Cuevas Montero.

Quinta imagen: Superman de exportación, de Gustavo Gal.

Cinco minutos

Sus dedos parecían lombrices ansiosas por despegarse de las manos y reptar fuera de su alcance. Ella se encontraba sentada junto a la ventana, con la mirada perdida en el infinito azul del cielo. Lo único que podía calmarle en esos momentos era no pensar en nada, mantenerse despejada de cualquier tipo de reflexión o suposición que le hiciera perderse en el mundo de la preocupación. Pero era totalmente imposible. Lo más que podía hacer era guardar las apariencias delante de su hija, y explicarle que papá a ella la quería mucho, pero que con mamá no se llevaba bien y que por eso se habían separado.

Sin embargo, sospechaba que su hija, pese a su corta edad, tenía alguna idea de lo que había sucedido en aquella casa. A veces, cuando el portazo de la puerta de la calle ponía un punto y a parte a la historia, la pequeña iba junto a su madre y se la quedaba mirando. Un día, después de una sesión de bonitos piropos, escalofriantes caricias y bailes sin orquesta, la niña le dijo: “No sé qué decirte mamá. Por eso sólo te miro y te abrazo”. En aquel momento ella supo que su hija no conocía de palabras que debiera utilizar para consolarla, pero que aun así estaba dispuesta a ayudarla con aquello que sus siete años y su menudo cuerpo le permitieran. Ella lloró. La quería tanto…  Había pasado un año desde que una sentencia había desestimado en su totalidad la querella interpuesta por violencia machista. El juez creyó que las acusaciones hacia su marido habían sido vertidas con motivo del procedimiento de divorcio en el que se encontraban inmersos, para así poder hacerse con la custodia de la niña. Es decir, había creído que todo era una farsa para quedarse con su hija. Ella había recurrido la sentencia, pero para nada eso le hacía estar más tranquila. Todo lo contrario: era en su tejado donde ahora estaba la pelota, y era ella quien ahora se sentía en la obligación de demostrar el calvario sufrido y evitar una posterior querella por denuncia falsa. Y con todo ello, tenía que soportar que aquel sujeto se acercara a su casa cada catorce días para recoger a su hija.Se sentía incomprendida, atada al infinito malestar del ser humillado, arrastrado y flagelado. Desde que se dictó la sentencia, se había sentido más víctima de la justicia que de su propio marido. Eran ellos lo que debían castigarle, y no lo habían hecho. Eran ellos los que debían impedir que él tuviera el derecho de tocar tranquilamente al timbre de su casa y añadir un “Dame a la niña” para después moldear una mueca sonriente, sarcástica, engrandecida, poderosa, triunfante. Y no lo habían hecho.Cada vez era más el tiempo diario que le ocupaba pensar en todo aquello. Eran sólo cinco minutos cada dos semanas; cinco minutos en que ella tenía derecho a no mirarle, a no cruzar una palabra con él. Pero aquellos cinco minutos no pertenecían a una franja normal dentro de un reloj de aguja clásico. No. Aquéllos eran los cinco minutos. Los cinco que permitían que su hija saliera de casa agarrada de la mano de un puto maltratador, de un sucio mentiroso que había engañado a todo el mundo; de un monstruo tapado con la máscara del vecino ideal que siempre ha luchado por su familia. Aquellos eran los cinco minutos en que sus uñas se convertían en zarpas que debía esconder detrás de su espalda para evitar abalanzarse sobre él y destrozar su piel de cordero, hacerla añicos.Desde que su hija había bajado a prepararse la merienda, ella había estado jugando al juego de las nubes. Hacia el centro, una gran nube representaba en el teatro celestial a un sauce blanco, cuyas ramas bajaban hasta el mismo pie del árbol, y justo a su derecha otra nube se había transformado en una especie de figura humana que, con la ayuda del viento, iba acercándose cada vez más al sauce, hasta que ambas figuras se acabaron topando, desapareciendo la más pequeña. De repente, ella se vio así, desapareciendo ante un nubarrón, chocando contra un árbol una y otra vez, topándose con un muro inesquivable y siendo empujada por el viento, inmóvil, paralizada.

“¡Mamá!”, escuchó.
Dirigió su mirada hacia la puerta, y vio a su hija, con su maletita rosa, apoyando la espalda en la pared. Se fijó en su rostro, y advirtió que sus labios se movían diciéndole algo, pero ella ya no atendía a palabras. En aquel momento sólo era una nube, y las nubes no hablan ni oyen: sólo vuelan y lloran. Poco a poco volvió a girar su cabeza hacia la ventana, y advirtió que había algo abajo. Era la representación de los cinco minutos. Era el fantasma del tiempo; la aguja del reloj ante ella. Era una niebla inmensa, un sauce gigante. Era la sombra de la negrura espectral. El horizonte infranqueable.

La vio desde abajo, pese a que ella se escondía tras las cortinas. Sus miradas se cruzaron: la de él, crecida y serena; la de ella, abatida y resignada. De repente, vio abrirse la puerta de la calle, y a su hija correr para darle un abrazo. Era una niña muy inteligente, pero era una niña, y él su padre. La cogió en brazos y la besó. Luego la metió en el coche, y decidido a dar la estocada final, volvió a alzar la vista hacia la ventana, y con una sonrisa que surcaba todo su rostro, levantó su mano izquierda y alegremente se despidió de ella. Era la mofa del vencedor, el ensañamiento de quien se sabe fuerte y respaldado.

Con el sonido del motor del coche, todo llegaba a su fin. Sin embargo, ya no sabía qué prefería: la efímera monstruosidad de esos cinco minutos, o el perenne vacío y la eterna angustia de las próximas dos semanas, donde de nuevo los futuros cinco minutos en que volviera a verlo acapararían toda su existencia.

J.L.Pérez

“Nací homosexual: así nací”, el nuevo blog que ha revolucionado la red en los EEUU.

Born gay, born this way“, la creación de Paul V., es la nueva sensación de la blogosfera en los EEUU, y que ahora se está expandiendo de forma frenética por otros Estados tanto americanos como del Viejo Continente. Es un blog sencillo en el que miles de personas homosexuales (tanto hombres como mujeress) envían fotos suyas de cuando eran pequeños (la gracia es enviar fotos donde l@s niñ@s aparecen adoptando posturas o realizando actos que serían propios del otro sexo), y explican sus historias de una forma resumida. Y es que ser gay no es una moda, no es un estado pasajero que se cura con el tiempo.

Millones de personas en nuestra sociedad saben desde pequeñit@s que les gusta la gente de su mismo sexo. Y much@s de ell@s han tenido que vivir años y años escondiéndolo como si ello fuera un crimen (en realidad, en algunos Estados sigue siendo un crimen). Recuerdo las palabras de un compañero que me decía “Cuando yo era muy pequeño me gustaba un chico de la clase, y a todos los peluches que tenía les llamaba por el mismo nombre que aquel chico”, y yo mismo me asombro pensando lo mal que lo han tenido que pasar algun@s, haciéndose pasar por personas que no son, autoculpándose por ser “diferentes” al resto (por ser la excepción de la regla natural), moldeando su vida al son de su entorno y de los demás, y no al de su propia melodía, de sus propios gustos.

En fin, “Born gay, born this way”, o lo que en castellano sería “Nacido gay: nacido así”, capta un mensaje claro: “yo soy así. ¿Por qué debo cambiar?”, e intenta demostrar que la Madre Naturaleza no solo fabrica heterosexualidad (o dicho de otro modo, que la heterosexualidad es tan natural como la homosexualidad o la bisexualidad) colgando en el espacio cibernético testimonios auténticos, imágenes reveladoras, historias reales de gente como tú, como yo, que en muchas ocasiones han visto vulnerado su derecho a “ser” por el mero hecho de no adaptarse a los cánones de esta sociedad heterosexista y machista.

J.L.Pérez

Aprofundint sobre el tema del racisme.

(Article publicat a la revista de Mataró Capgròs pel nostre company Guillermo Pérez)

Fa alguns dies vaig llegir un article del meu col·lega Jordi Merino sobre el racisme i crec que val la pena aprofundir més en aquest fenomen que encara que no és nou, sembla ser que ara comença a replantejar-se algunes vies d’interferir les relacions intergrupals dins de la nostra societat.

Si be és cert que fa alguns anys la presència de forans en les nostres terres la vèiem com alguna cosa exòtica. No molts, per sort, van veure la mateixa com una intromissió en les seves vides, fins al punt de que aquest exotisme va passar a una xenofia manifesta en diversos punts regionals del nostre país i Estat.

La sobredimensió d’una cohesió social entre els autòctons, principalment motivada al llarg de molts anys per un ferri rebuig als seus valors culturals: llengua, costums, economia, entre d’altres, per grups que conviuen dins de la nostra pròpia comunitat o per part d’uns altres que viuen en comunitats externes a la nostra, així com també pel rebuig polític que va generar el règim franquista i per diverses posicions partidistes actuals, han anat creant una sobreprotecció a tot quant no sigui un producte intern genuí .

Aquest fenomen, que també s’ha produït en altres latituds i que no deixa de ser un enfrontament solapat entre grups socials que genera de fet un enfrontament classista, tot i que membres de diferents “bàndols” comparteixen el mateix estatus econòmic o de privilegis que la nostra societat els atorga, mereix una especial atenció per part de les nostres institucions polítiques, públiques i sobretot les privades.

Es diu que amb l’arribada de l’última immigració (des de finals dels 80 fins avui dia) molts llocs de treball els estan ocupant aquests immigrants deixant sense possibilitats als “d’aquí”. El meu primer qüestionament seria: Per què els d’aquí no han assumit aquests llocs de treball? Potser per què són mal pagats i que per un fals orgull no s’ho mereixen? Cal esmentar que la Seguretat Social va estar pràcticament mantinguda per la força de treball estrangera i de la qual ens beneficiàvem tothom, àdhuc sense treballar. També aquesta situació s’ha vist potenciada per la incorporació massiva de treball femení des fa uns quants anys.

Crec que també cal recordar que molts immigrants d’altres comunitats espanyoles que van arribar a la nostra a mitjans del segle XX encara no han tingut la delicadesa i el respecte de mantenir una conversa, encara que sigui com a oient, en la llengua catalana, en tant uns altres que van arribar molt més tard i que no són precisament del nostre Estat Espanyol han tractat d’aprendre-la i de comunicar-se el millor que poden amb el seu entorn més immediat. Podríem, per tant, parlar d’una integració social coherent entre tots aquests grups immigrants que han arribat a les nostres terres? Crec que bona part d’aquest fenomen ha estat pel fals paternalisme d’alguns governs, bé d’un bàndol o d’un altre, que no han portat a una pràctica adequada els termes mínims per crear una cohesió social i cultural veritable. Pot ser per interessos propis. Chi lo sa?

D’altra banda, en arribar els immigrants a les nostres terres van assentant-se en aquells llocs que per qüestions econòmiques els va ser favorable: baixos lloguers, condicions propícies a instal·lar i crear un negoci propi, comptar amb escoles i establiments propers per als seus fills, etc. No obstant això, el que no vam veure darrere d’aquest fenomen és com a poc a poc es van creant estructures socials homogènies que nosaltres mateixos hem anat segregant i definint a posteriori com “ghettos” de un o altre grup sense prendre en consideració que no li vam donar en el seu moment altres opcions d’assentament més diverses. Això comporta el fet que grups homogenis, assentats en un mateix lloc, en mantenir els seus valors culturals donin una imatge de subgrup dins d’una estructura formal que tracta per tots els mitjans de fugir el que no pertanyi a aquest grup creat i que els altres, els de fora a aquest subgrup, ho percebin de la mateixa manera provocant el rebuig, els enfrontaments, etc. Què passaria si aquests immigrants provinents d’altres terres, amb altres valors culturals, s’haguessin inserit de llarg a llarg el nostre territori en els mateixos llocs que els altres convivim? De segur que el procés d’integració hagués estat menys amarg i traumàtic per a ambdues parts. Clar, per a això hauria estat necessari que les institucions públiques i privades, polítiques o no s’haguessin posat d’acord molt abans i haguessin propiciat les condicions per a aquesta integració.

Però com el que plantejo és pràcticament una utopia, el procés d’integració de grups immigrants d’altres terres amb nosaltres, els autòctons, hagués estat el mateix que va ocórrer segles abans quan molts espanyols van emigrar-hi cap a altres terres i van ser n’acollits, sense importar la seva procedència socioeconòmica que representaven. O quan durant segles, imperis estrangers van dominar aquesta península i van deixar la seva empremta que avui és part de la nostra suposada cultura “autòctona”. Em refereixo a una llarga llista d’imperis o no com els celtes, fenicis, cartaginesos, grecs, romans, musulmans, moros, francesos i uns altres. I només parlo de fa 35.000 anys. Gairebé res.

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Primera imatge: Inmigrante, de Diaque Zalasar Ramonin

Segona imatge: Integración con el entorno, de Mónica Chyzy

“Jo no sóc feminista!”

 

“Jo no sóc feminista!”. Això és el que l’altre dia, a una xerrada a Esplugues de Llobregat, em responia una dona ja gran, quan el Bernat Escudero i jo mateix explicàvem que la nostra associació considerava les aportacions del moviment feminista.

I no és el primer cop que ens passa. Per què el mot “feminisme” té unes connotacions negatives, té mala premsa? Quan he fet classes a la Universitat, gairebé sempre que demanava a les noies si es consideraven feministes, la major part –llevat d’algunes militants – responien negativament. Però si els demanava si acceptarien sotmetre’s a la voluntat del seu marit o parella, sempre responien negativament. Llavors?

“Feminisme” ha passat a visualitzar-se com a feminisme “radical”, a feminisme “anti-homes”. No direm pas que aquest feminisme no existeixi; algunes proves en tenim. Però no és més que una part molt reduïda del moviment de dones. Aquesta paraula, en canvi, “moviment de les dones” sí que és més acceptada. Perquè aleshores es dóna aquesta separació entre “moviment de dones” i “pensament feminista”?

No faig esment aquí de la posició dels grups d’homes ultres que a les feministes institucionals els posen el malnom de “feminazis”. Està clar que aquest insult sorgeix de la rancúnia i de l’enyorança de temps feliçment passats de domini masculí ineluctable. Tampoc no parlo d’aquells o aquelles que equiparen “feminisme” amb “masclisme”, equiparació fruit de la ignorància, atès que són termes antitètics.

Al llarg de molts mesos he tingut l’ocasió de xerrar a bastants grups de dones arreu de Catalunya. Són grups de dones que s’ajuden entre elles, que xerren, fan activitats de tota mena. Són dones amb empenta, dones molt actives, de totes les edats. Algunes, como la dona d’Esplugues, són d’una certa edat i han fet personalment un treball de transformació molt gran: s’han incorporat al mercat laboral, cultiven les seves aficions, es donen autoritat les unes a les altres per parlar de coses personals, interpel·len amb esperit crític qualsevol que els ve a fer combregar amb segons quines rodes de molí.

Perquè bastants d’aquestes dones se senten lluny del feminisme institucional, del feminisme oficial? És que els discursos feministes, que van sorgir molt a flor de pell, des del cos, des de la vida quotidiana, de la rebel·lia front als petits actes de domini dels homes sobre les dones, ara han perdut vigència? És que aquesta rebel·lia ha perdut força i entra dintre d’allò que és titllat de “políticament correcte” i per tant, sense vigència?

Em preocupa això. No em preocupa pel moviment de dones. Ja voldria jo que els homes haguéssim encetat un moviment com el seu! Però sí que el pensament feminista deixi de crear nous referents teòrics (de fet ja comencem a parlar de “post-feminisme”). I, per allò que em toca de més a prop, passarà el mateix amb el moviment d’homes i la major part dels homes que avui dia no se senten implicats per la igualtat? Perquè això seria un desastre: el nostre moviment està a les beceroles, i molts homes se senten allunyats del pensament per la igualtat. Podrem aconseguir algun dia que els dos corrents s’entrellacin o ens passarà com l’està passant al feminisme i les dones?

 Juanjo Compairé

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Imatge: Tres mujeres, de Miranda Roy Evans.